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lunes, 17 de junio de 2013

EL HOMBRE DIGITAL

          EL HOMBRE DE ACERO       Por Leo Chubelich

Yo recuerdo que en el año 1981, cuando tenía once años, se estrenó Superman 2, dirigida por ese olvidado gran director llamado Richard Lester ( que dicho sea de paso dirigió dos películas seminales de los Beatles, que dieron el puntapié inicial para lo que luego sería la estetización del videoclip: A Hard Day's Night y Help ). Recuerdo que Terence Stamp era el general Zod, y que cada vez que aparecía, la película, ese universo cerrado siempre a punto de colapsar, metía miedo e inquietud. Recuerdo que había momentos claramente Hamlet en el argumento ( yo no sabía en ese momento lo que era eso ) y que la información contextual del código genético de las peleas entre el hijo de Kryptón y esos tres descastados compatriotas evadidos de la Zona Fantasma, llamados Zod, Ursa y Non, era clara y precisa, contundente en su materialidad del aquí y allá, del de dónde venían los bifes y hacia dónde iban. Y claro, estaban Cristopher Reeve y Margot Kidder, que se morfaban el cuadro a puro amor y deseo cada vez que aparecían. Todo esto para hablar de El hombre de Acero, la película de Zack Snyder o de Christopher Nolan, omnipresente como productor y coautor junto a David Goyer de esta nueva gesta fundacional ( origin story ) del alienígena más famoso del comic. Película extraña, rara, ampulosa, grandilocuente, operística, bombástica y jodida la de este muchacho Snyder,como si las nuevas tecnologías gigantistas del CGI hubieran chocado con un tono más intimista `ala Terrence Malick.
En El hombre de Acero hay un tiempo para contar la historia formativa del superhéroe, a través de la inserción de sucesivos flashbacks, que va desde la invisibilidad, la concientización de la identidad, el rechazo y la aceptación del moderno Prometeo. Como a Henry Cavill, reencarnación del mito de Apolo, la empresa le quedaba decididamente grande, Snyder ( o Nolan ) decidió hacerlo jugar en una liga habitada por actores clásicos, de renombre, de esos que tienen garantizado el Olimpo interpretativo a fuerza de magnetismo presencial. Es gracias a que esta gente posee su propio centro gravitatorio frente al cual nada escapa, que la película, en sus momentos reposados e intimistas, alcanza altura emotiva. Russell Crowe, Kevin Costner y Diane Lane son el realismo del film, tripulan el drama humano, premasticado y predigerido en tanta historia de iniciación de superpoderes vista y por ver desde que el comic es comic, y le aportan vitalidad señera y estatura de tribulación entre las ventajas de ser invisible y la aceptación del destino manifiesto de supercampeón. A Costner le bastan tres planos para devorarse la película, y a Diane Lane un poquito más para estrujarnos el alma desde la sobriedad contenida de su Martha Kent. La contundencia de cuerpo y voz en Russell Crowe como la conciencia de Jor-El, que se juega la patriada de establecer la tensión entre lo biológico y lo adoptivo, es la tercera pata de sustentación de lo mejor del film. Talento y versatilidad para moldear el supercarácter y señalar el camino de realización.

En su segunda mitad, El hombre de Acero toma la matriz de The Avengers y se hace macroscópica, las emociones quedan de lado y el bodrio del CGI y del diseño se lastran el metraje hacia el dominio de lo menos esclarecido. Zona Fantasma de los efectos especiales. Y sí, es verdad que The Avengers operaba desde una metodología similar, pero ponía toda la carne en el asador desde la evolución del efecto digital pero también desde la carnadura burbujeante de sus estampitas superheroicas, que metían tres chistes por segundo con el timing de un velociraptor humorístico ahí donde las papas de la solemnidad quemaban. El hombre de Acero no es superficie pop coruscante; es colores apagados y filtrados en su saturación hasta la experiencia limítrofe del neutro. Superman no puede ser cool porque es seriote y nunca se le cae la sota del retruécano fatal al estilo Tony Stark. Primer traspié que revela a Nolan autorreferenciándose desde la pompa orquestal de Hans Zimmer. En sus tramos finales, El hombre de Acero es un bodrio megalómano que quiere ser " larger than life " y se va al inframundo del artificio más descomedido e ininteligible. Superman quiere volar alto, pero es Facundo Cabral volando bajo. Una vergüenza de calzas apretadas que hace dolor los ojos y sangrar los oídos. Es como el travelling de Kapo de Pontecorvo, pero de los chiches de ordenador.

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jueves, 13 de junio de 2013

MANUAL DEL BUEN PSICÓPATA


                             STOKER                    por Leo Chubelich
Lazos perversos es la primera experiencia cinematográfica en inglés del realizador Park Chan-wook, y a juzgar por los resultados estamos en posición de decir que es esta una obra maestra, muy por encima de Oldboy y Thirst, lo cual ya es mucho decir. La película del surcoreano es un refrito de La sombra de una duda de Hitchcock, en la que una chica se relaciona afectivamente con su tío psicópata. El título real ( Stoker ) es una referencia a Bram Stoker, creador de Drácula, pero asimismo es una deformidad lingüística que alude a " stalker " o acosador. Algo de eso hay en Charles Stoker, el personaje interpretado por Matthew Goode. El tío Charlie visita por primera vez a su sobrina India ( Mia Wasikowska ) y a Evelyn, la madre de ella ( Nicole Kidman ). Lo hace en circunstancias nada placenteras: su hermano Richard Stoker ( Dermot Mulroney ) falleció en un accidente automovilístico. El tío, refinado y pagado de sí mismo, exuda una tranquilidad pasmosa, muy a contramano de su sobrina, que en el despertar sexual de sus mocedades, se siente fatalmente perturbada y atraída por el recién llegado.
Lazos perversos es la puesta en escena venenosa de un triángulo endogámico e incestuoso marcado por el simbolismo soterrado de la araña subiendo mansamente por la pierna de India. Es también un cuento depravado de iniciación sexual y delictual, de intimidad abyecta en forma de triángulo amoroso y lógica de tercero perjudicado. Como la araña, representación de que algo dotado de fuerza suave y engañosa se ha colado en esa familia burguesa, teje una madeja con denuedo y paciencia, la telaraña gótica de Park Chan-wook enreda ( y nos enreda ) a los participantes del juego, desnuda vulnerabilidades y arrasa con vestigios de inocencia. El tío Charlie es esa sensación de posesión de su propio centro gravitatorio maligno: nada escapa de su arbitrio. Como buen psicópata, sabe que resortes tensar, cuándo acelerar y desacelerar; y en su voracidad fetiche homicida ( la figura del cinturón de su hermano es significativa al respecto ) está muy cerca de ser una fuerza de la naturaleza.
Párrafo aparte para Park Chan-Wook y Chung-hoon Chung, su camarógrafo estrella, por hacer de la composición del cuadro una promesa, un compromiso de una belleza que no prescribirá nunca. En cada seco estallido de violencia, en la planificación visual y detallista de cada escena, en esa obsesión artie por hacer de ese descenso a los infiernos un frenesí visual poético, subyace la mejor, al menos por ahora, experiencia cinematográfica de este 2013.
 

sábado, 27 de abril de 2013

LA CAUSA Y LAS CONSECUENCIAS

                            THE MASTER                    Por Leo Chubelich

Vi " The Master ", la última película de Paul Thomas Anderson, que se ha vuelto un tanto inaprehensible para el espectador promedio desde los tiempos de " Petróleo sangriento ". Antes y durante, " Magnolia " era un drama coral con mucho de tracto de autoayuda y exposición de " verdades trascendentes sobre el estado del mundo ", muy en la línea de Iñarritu pero sin tanto cretinismo, y " Embriagado de amor " era más sanguínea en la puesta en escena de las taras de sus personajes. " The Master " está, como bien la definió Jaime Pena, en la frontera de la atonalidad. Anderson se mueve en una puesta en escena fría, cerebral, intensa pero nada cálida ( las actuaciones siempre están en la experiencia limítrofe del desborde, pero también de la planificación de laboratorio, lo cual conspira en gran parte de sus tramos ), para contar la historia de un marino de la Segunda Guerra Mundial ( un perturbado Joaquin Phoenix ) abducido como asistente de un predicador - o charlatán - , líder de un clan cientificista llamado " la Causa " e interpretado por Phillip Seymour Hoffman. Hay una idea de la familia, piedra angular y basal del culto, que atemoriza a puro distanciamiento afectivo y pulsiones reprimidas, como se evidencia en el personaje ambicioso e insidioso de Amy Adams, esposa del líder del culto. " The Master " nunca da a entender que el culto al que adscribe sea per se nocivo, pero se la juega por una perturbación que parece inducida por las enseñanzas metódicas y repetidas de su líder. Para el espectador resulta evidente que la Causa es la ficcionalización de la iglesia de la cientología, cuyo líder L. Ron Hubbard  fundó en base al desprendimiento de su libro " Dianética: la ciencia moderna de la salud mental ". Ambas sectas interrogan violentamente a sus potenciales conversos para instarlos a revivir acontecimientos traumáticos de sus vidas pasadas, para que puedan sanear sus almas de elementos tóxicos. Lo que la cientología denomina " auditoría ", la Causa " procesamiento " y el mundo exterior " lavado de cerebro ", en el film se transforma en una serie de repeticiones torturantes que marcan la pauta de una tensión insoportable en manos de Anderson. " The Master " interpela y expulsa. Interpela a través de la idea de que " la religión con sangre entra ", en las vicisitudes de una historia que revela los malestares de la sociedad estadounidense ( en este caso, nuevamente focalizados en el sur profundo del país ) siempre en la permanente búsqueda de la sanación milagrosa, y en la omnipresencia del alcohol como motor de pulsiones, pasiones, latencias y violencias. El método empleado por el líder místico tampoco es claro, y en sus vaguedades desconcertantes que involucran sueños, represiones, rudimentos psicoanalíticos, vidas pasadas y salvajes tratamientos no existe garantía comprensiva. Película que dice más desde las imágenes que desde las palabras, como lo sostienen la calidad del encuadre y la luz, prodigios técnicos logrados gracias al formato de 70 milímetros que tanto apasiona a Anderson ( al respecto, hay algo de hipnótico y libérrimo en ese paseo en moto por el desierto ), y que es reveladora de la orfandad a la que conlleva renunciar a un culto que pauta absolutamente todo libre albedrío desde su fundamentalismo. La soledad final de Freddie, el personaje de Joaquin Phoenix, marca el distanciamiento para con " La Causa ", rendido ante la utopía de la lealtad absoluta. Un precio emocional demasiado alto para quien terminará engendrando nuevas dudas y asperezas a las ya existentes antes de la alineación al culto que supuestamente reencauzaría su vida.

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martes, 23 de abril de 2013

SANGRE CHARRUA

                                                  EVIL DEAD                por Leo Chubelich

Cuenta la leyenda que Rob Zombie, temeroso ante el encargo de tener que dirigir " Halloween ", film canónico si los hay, llamó a John Carpenter para pedirle una opinión al respecto, y la opinión de éste no se hizo esperar " Si vas a recrear mi película, hacela tuya. " Algo de esto debe haber tallado en el realizador uruguayo Fede Álvarez a la hora de ser elegido para dirigir " Posesión infernal " ( título horrible si los hay ), remake de la popularísima " Evil Dead " de Sam Raimi. En la década del ochenta, Raimi concibió un artefacto terrorífico perfecto, un producto original en el que la modulación entre el terror y la comedia encontraba su punto adecuado de equilibrio, en el que la respuesta a cualquier susto siempre era una carcajada y no un grito, como cabe esperar, por otra parte, de una película que avanzaba por elementos conocidos y hasta predecibles ( recordemos que " Evil Dead " era la cruza entre " El Exorcista ", la literatura de Lovecraft y los relatos góticos ), cuyo objetivo era el servirse de todos los tópicos imaginables, si bien planteándose un desafío: que el resultado de su acumulación no fuera cansino, sino una fiesta continua. Pues bien, hay diferencias entre la " Evil Dead " original y esta incursión en el género de Fede Álvarez que me gustaría puntualizar.
En primer lugar, hay una mayor presencia del elemento femenino en esta nueva entrega; y el elemento congregante de los cinco habitantes de la cabaña es esta vez un objetivo claramente rehabilitador: la finalidad de que la hermana del protagonista abandone su adicción a los estupefacientes. Este detalle hace que esta nueva entrega se revista de aristas más realistas que las de su predecesora, incorporando los estados sutilmente alterados, producto de la abstinencia, como nota de incertidumbre ante el avance de lo sobrenatural.
En segundo lugar, la " Evil Dead " original jugaba también su parte a plena luz del día. Aquí, mayoritariamente, Álvarez consagra la realización al uso permanente de los interiores, manejando estupendamente la fisicidad de los espacios. Salvo ligeras excepciones planteadas al inicio ( la huída de la primera mitad y la constatación de que no hay salida real de la cabaña a raíz del desborde del arroyo a causa de las precipitaciones ), esta remake se juega en el aislacionismo y la claustrofobia, en los interiores sofocantes y en la textura del grano para dimensionar los ambientes deficitarios de luz. En el déficit de la luz, Álvarez se mueve a sus anchas y congrega imágenes poderosas, preñadas de suspenso, valiéndose del uso virtuoso de la Steadycam y de los planos sorpresivos, disruptivos, marca del orillo del gran Sam Raimi.
En tercer lugar, la película original se aplicaba a un prólogo explicativo del Necronomicon del loco Abdul Alzhared. Álvarez opta por unos diez minutos trepidantes en los que se " purifica " a una adolescente a través de la ordalía del fuego, sin mención didáctica al Necronomicon ( saqueo a Howard P. Lovecraft que hizo de este libro ocultista, con tapa revestida de carne humana, mitología de culto de su vasta obra ), pero incluyéndolo abierta y tangencialmente en la celebración del ritual.
En cuarto y último lugar, la nueva " Evil Dead " ha perdido parte de su humor original. Raimi sabía combinar la comedia más disparatada con los golpes de efecto más puros y duros. De esta forma, el espectador nunca llegaba a sentir verdadero miedo. Un poco de asco, tal vez, pero siempre en esas escenas asquerosas había un elemento cómico a modo de elíptica triunfante. Álvarez no abdica del humor, claro está, pero el tono decididamente festivo de su antecesora ha sido reemplazado aquí por una variedad más cínica, menos complaciente. 
Entonces, podemos decir que la nueva " Evil Dead " es la película de Fede Álvarez. Hay similitudes con la gran obra de Raimi en cuanto al tratamiento visual de los planos enloquecidos, la sabia decisión de renunciar a los CGI en provecho de los prostéticos y los hectolitros de sangre y el respeto a la serie B del modelo 1983 ( aunque hay aquí un presupuesto de cuarenta millones de dólares para que podamos hablar estrictamente de una clase B ) cumplido a rajatabla en el tratamiento visual. Asimismo y dicho de otro modo, esta reversión es exponente puesto al día, tras un proceso de lifting, de su predecesor, algo que suele hacer Hollywood con las remakes: hipertrofiar aquellos aspectos más cercanos al público actual y poner en discreto segundo orden aquello que se puede considerar pasado de moda. Se puede finalizar diciendo que Fede álvarez cumplió e hizo su versión de la cosa, tal vez más seriota y solemne como conmovedoramente gore y bestial, siempre sin olvidar las reglas más elementales del género y sin perder de vista que el Necronomicon es el nuevo filón a explotar en el alicaído escenario del terror actual. L. C.


lunes, 18 de marzo de 2013

NADIE SE ATREVA A TOCAR A MI VIEJA

                         MAMA                 por Leo Chubelich

Apremiado por un contexto económico desfavorable, un hombre mata a su esposa y planea hacer lo mismo con sus dos pequeñas hijas, las hermanas Victoria y Lillly, a las cuáles lleva a una cabaña sórdida en medio de un bosque para cumplir con su cometido macabro y suicidarse, pero una presencia sobrenatural se lo impide y las niñas desaparecen de la escena misteriosamente. Tiempo después, cinco años para ser exactos, el tío sigue dilapidando recursos y dinero en la búsqueda. Hasta que, naturalmente, las chicas aparecen en estado salvaje e infrahumano. Luego de una ardua batalla judicial por la tenencia de las menores, ambas se van a vivir con el tío y su novia ( una extraordinaria Jessica Chastain, de pelo renegrido y actitud de bajista punk ), quienes deberán asumir la tarea de reeducarlas y readaptarlas socialmente. Claro está, las hermanitas han traído algo consigo que las domina, atemoriza, condiciona y trastorna: un personaje fantasmal que ejerce un férreo matriarcado sobre el botín infantil. El punto de partida de " Mama ", la película del argentino Andrés Muschietti, luce bastante absurdo, pero en los veinte minutos iniciales de metraje hay vocación por el manejo del fuera de campo ( el ABC de cualquier film de terror que se precie de serlo ) y una ominosa atmósfera trabajada a partir de la sustracción, de la oscuridad como centro nodal del cuento gótico. La equiparación de las hermanas a bestias cuadrúpedas como resultante del cautiverio salvaje y la compleja restauración de la sociabilidad y los lazos familiares liberan a la película de la cerrazón ridícula del guión y la motorizan al afán juguetón, al puro juego, alumbrando los mejores climas para el espectador y poniendo blanco sobre negro. Muschietti trabaja bien el miedo a partir de los estados alterados de las criaturas, reforzando en el núcleo del relato la inseguridad y la duda respecto del vínculo menores / adultos. En ese segmento, liberado de la lógica llena de costuras del guión, la película respira. Y todo fluye sin la presencia siniestra de la madre fantasmática, escamoteada hábilmente y concebida desde la invisibilidad subyacente y cierta. " Mama " , tal como indica esa placa inicial que reza " Había una vez ", es un cuento de hadas. Y como todo cuento presenta características implacables a considerar: la primera es que transcurre en un universo similar al del sueño, donde cualquier cosa es posible. La segunda es que narra la disolución de la inocencia o su triunfo en un mundo donde ha desaparecido. Muschietti, consciente de ello, maneja los climas con la iconografía mágica del cuento, y un buen ejemplo de ello es la montaña de carozos de las cerezas del inicio; sabe como gambetear los lugares comunes del género con una cámara virtuosa y maquillar los baches narrativos ( recordemos que este largometraje es la conquista extendida de ese corto que motivó que Guillermo del Toro confiase en sus servicios para esta producción ), agregando densidad dramática a través de la psicología de los personajes, la dinámica infantil y las cuestiones relacionadas con el aprendizaje de hacerse madre a los golpes. Porque " Mama " trata en el fondo sobre el derecho atávico de ser madre, aunque se trate de dos madres putativas puestas en el centro de la escena y disputándose la maternidad: una furibunda, alma en pena cruelmente extirpada de su condición biológica de gestante, que reclama a las crías mantenidas durante cinco largos años como modo de interpelar un dolor primario y la otra, obligada por las circunstancias de la orfandad, pero resuelta a construir esa identidad e imponer la ley que la ausencia del padre -desaparecido durante gran parte de la trama - veta. Porque la película de Muschietti es una película femenina, una pulseada amorosa ( cada una en ese darse dando del amor a su manera ) hasta el final y sin orden rector paterno. Claro, para que las cosas se desarrollen convincentemente hay tres topadoras todoterreno: Jessica Chastain, animal cinematográfico puro que se devora el cuadro con una interpretación arrolladora: contenida y llena de permisividad al principio cuando se ve presionada por el contexto a jugar a la madraza que nunca deseó ser, y desesperada en los tramos finales cuando la abducción es un mano a mano con la mismísima muerte, y las protagonistas infantiles Isabelle Nélisse y Megan Charpentier, perturbadoras y vulnerables por igual, pura inocencia magullada de niñez expósita. Ellas, sólo las mujeres, son las responsables de que " Mama " no se desmorone en la oquedad de un guión precario, apenas desembozado como anécdota. Una madre que llama al hijo siempre es un milagro, permítanme la sensiblería. L. C.

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jueves, 14 de marzo de 2013

...Y TU AMOR MI ENFERMEDAD

ANTIVIRAL  Por Leo Chubelich
 
La premisa argumental es así: en un tiempo distópico, laboratorios corporativos ofrecen a los fanáticos la posibilidad de adquirir las enfermedades que padecen sus celebridades favoritas a los fines de sufrirlas, inoculación mediante, en carne propia. Syd March, su protagonista, es un técnico laboratorista que trafica algunos virus en su propio cuerpo a fin de venderlos en el mercado negro, pero cuando se contagia una nueva enfermedad no testeada, su negocio deviene pesadilla de supervivencia. La película de marras es " Antiviral " y presenta un plus: es el primer opus cinematográfico de Brandon Cronenberg. Y hay que decir que Brandon se aprendió al dedillo las mañas de su progenitor, especialmente las relacionadas con la producción fílmica más perturbadora de papá David, aquella preñada de delirios más cientificistas ( léase Existenz ) y menos mainstream de este presente. Debo agregar que el padre de Brandon es nada más y nada menos que el gran David Cronenberg?
Hechas las presentaciones de rigor, " Antiviral " ofrece interiores asépticos e impolutos ( esa abominable blancura hospitalaria que es leit motiv de indiferenciación generalizada en toda la película ), hi tech en monocromo que concilia pánico y atracción erótica suicida hacia la autodestrucción por imperativo de la fama ( la fama es, en términos del film, una gracia antojadiza que no reviste ninguna de las particularidades del talento: se es famoso o no, y en ese dictamen tiene especial incidencia la prensa rosa ), prescindencia de las emociones primarias en un tejido social desafectado de todo nervio sentimental y un protagonista ( Caleb Landry Jones ) andrógino, viral, anémico, que es descenso patológico y afán de aferrarse a las urgencias de la vida, pulseada entre lo cadavérico y lo vital, que lleva a la película por subtramas conspirativas menos interesantes. Es en la figura de su protagonista donde " Antiviral " se agiganta: ver su degradación física desde los primeros instantes, esas conversaciones maquinales que son dialecto de alusiones de pandemias conspicuas con otros empleados de la empresa, lo cual refiere inmediatamente a los favoritismos monotemáticos de una intelectualidad enferma, y los tramos finales donde el derrumbe se hace inminente y la trama se enrosca, volviéndose submundo delincuencial de explotación, concilia el espanto. En " Antiviral " no hay presencia del aparato represor del estado; a no ser por una discusión televisiva acerca de las implicancias morales del accionar de los laboratorios, cada palabra, cada hecho y cada acción es significante de la impunidad empresarial. El límite difuso entre la legalidad y lo delictivo se corre totalmente cuando la película se adentra en la clandestinidad de las redes mafiosas paralelas, empeñadas en las ganancias lucrativas y en el borramiento de todo sesgo humano, un poco más allá de las compañías oficiales. Todo es farmacéutica de la enfermedad, como esos bistecs de células célebres cultivadas que permiten a los consumidores devorarse a sus artistas predilectos. El film de Brandon Cronenberg es confuso en varios tramos, se pierde en primerísimos planos de agujas horadando la carne en la búsqueda de un gore qualité ( si es que ello pudiese existir ) y parece un borrador de ese conceptualismo quirúrgico llevado a la práctica tan eficientemente por papá David, pero en el vía crucis de Syd March, sus propósitos de hacer dinero pateando el tablero del grupo de pertenencia empresarial y la fascinación morbosa por los objetos de deseo y consumo de la sociedad, la posterior caída y el renacimiento ( otra carnadura del cadáver normalizado del inicio ) ejecutivo en la competencia; en la belleza enferma de los tulipanes rayados y en el endiosamiento de las celebridades gélidas como altivas estatuarias, distantes y militantes de la oquedad; incluso en sus imperfecciones y rémora narrativa, deja bien sentado el desafío de incomodar al espectador. Habrá que ver ahora si Brandon puede despegarse de las marcas autorales de don David, cuyo fantasma de " remedio sin receta y tu amor mi enfermedad " recorre la película sin pudor y disimulo. Si Brandon Cronenberg es un cineasta a ser considerado a futuro ( o si se queda en ese lote de hijos viviendo autoralmente a la sombra de sus padres, como sucede con Jennifer Lynch, siempre unos peldaños por debajo del gran David Lynch ) es un misterio cifrado en la próxima obra, esa que está por venir.

 




viernes, 8 de febrero de 2013

LA OBSESION TIENE CARA DE MUJER

        LA NOCHE MAS OSCURA      Por Leo Chubelich

En " Vivir al límite ", Kathryn Bigelow mostraba a un grupo de desactivadores de bombas en Irak, y lo hacía, vaya si lo hacía, con una pericia demoledora. Bigelow siempre fue una directora especialista en mundos masculinos: su violencia, la ritualística de los códigos machistas, el tratamiento visual con abundantes planos detalle sobre los cuerpos masculinos. Y en aquella película que le valió el Oscar ( arrebatándoselo, de paso, a su ex James Cameron ), Bigelow acentuó algunos cambios en su trabajo, despegándose de las principales marcas del orillo de su cine de los '80 / '90, y abriéndose a nuevos procedimientos más veristas en lo cinematográfico. Pues bien, que también hay realismo y verismo cinematográficos, casi en la experiencia limítrofe del documental, en " La Noche más Oscura ", su última película sobre la captura y asesinato de Bin Laden. Si " Vivir al Límite " era un film sobre el peor Irak posible, en el sentido más infernal del término, y representativo del absurdo final de la guerra, " La Noche más Oscura " es la exacerbación de ese absurdo, un combate que se lleva a cabo en un terreno imposible, ajeno, impropio, nunca colonizado ni dominado. La película De Bigelow es la persecución tenaz de un fantasma. Y es asimismo la historia de una obsesión. Una obsesión de diez años por el criminal más famoso del último milenio. Aquí están los universos masculinos cerrados y dominantes, pero la protagonista es Jessica Chastain, una agente de la CIA dedicada, workaholic y obsesiva, que demuestra no diferir demasiado de sus colegas hombres: no hay casi emociones en la mujer, a excepción del apabullante final; tampoco se hace mención a su familia y afecciones legítimas. El personaje de Chastain es un sabueso dedicado, tan divertido como un ataque cardíaco, entregado a la misión, que por otra parte preconiza el estado de disolución del mundo y el sostenimiento del absurdo, componente vital, nodal, para entregarse a nuevos retos, nuevas disquisiciones, nueva logística aplicada. La mujer es, en estos términos, como el hombre moderno: alguien que sólo se justifica, siente placer, se entrega irremediablemente a una tarea única, constante y hecha de pilas y pilas de papeles y tiempo. Una máquina, un grano de arena, un engrane. La adicción no es, aquí, una carrera irremediable por el placer, sino otra cosa: el mecanismo de control absoluto para seguir manteniendo el estado de absurdo del mundo. A diferencia del James de " Vivir al Límite " que sí se consagraba a la acción más pura, irresponsable y adrenalínica, Doña Kathryn hace de su criatura un personaje de acción y también de burocracia. Y en eso la película es implacable, con las vicisitudes para darle luz verde a un operativo, las agobiantes reuniones militares con el objeto de discutir la inteligencia. Cada nueva misión es la puesta en escena de una molestia abstracta y absurda, y Bigelow filma con la elipsis como aliada, plantándose en las cuestiones de escritorio con rigor periodístico ( al respecto, mucho tiene que ver su guionista estrella y pareja en la vida real, el periodista Mark Boals ), y mostrando el derrumbe imperceptible pero seguro de Chastain. Así " La Noche más Oscura " va ganando, progresivamente y con timing, velocidad, musculatura, complexión proteica, vértigo y movilidad. Desde las operaciones que naturalizan la tortura como procedimiento de coacción ( Bigelow filma " lateralmente " con el sólo objeto de enunciar las siniestras operaciones de extracción de información llevadas a cabo por empleados de la Agencia, repugnantes hacedores del tormento sin otra vida que la del apriete, pero sin regodearse enfermizamente en el accionar, es decir, sin legitimación del método empleado ), pasando por los estallidos de violencia ( sabiamente dosificados en la trama y expuestos con la más absoluta pericia técnica ), hasta la tensión y el nervio para anunciar las nuevas calamidades misionales, estamos en presencia de un exponente fílmico que hace de la calma un caldo de cultivo para los estallidos musculares. A propósito, los últimos cuarenta y cinco minutos son de un nivel pasmoso, de excelencia y construcción metódica. Al igual que su protagonista femenina, mujer de armas tomar, Bigelow también se entrega por completo a su cine muscular. Cada nuevo plano, cada encuadre y cada detonación armamentística es una promesa en manos de esta tipa. El plano final, cerrado, sobre la cara de Chastain, las lágrimas inevitables de la descompresión, y la incertidumbre sobre los resultados, son la comprobación gozosa, a pura potencia cinematográfica, de que hay otras películas posibles de ahí en más. Bin Laden fue? es? un cadáver elusivo que se ha llevado diez años de su vida y la ha dejado en el pasmo de disponer nuevamente de una vida para decidir. L. C.

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lunes, 4 de febrero de 2013

Blackexploitation...

          DJANGO UNCHAINED         por Leo Chubelich

A esta altura hablar de la " legitimidad " de Tarantino ( cualquier cosa que ello sea ) es un expediente de cosa juzgada; también de los supuestos " pecados " cinematográficos que le atañen al director de Kill Bill: que es un practicante del " sampling ", que roba de un cine poco visto o escasamente referido, y así podríamos seguir ad aeternum puntualizando y discutiendo giladas. Como sea, el esteticismo del espectáculo y el regodeo en las citas de la cultura popular sostiene a las películas de Tarantino, y obliga a sus detractores a hablar desde un punto de vista que podría estimarse anacrónico. Mientras tanto, Quentin, tragando y escupiendo géneros, sigue pa' lante, reescribiendo la Historia ( como ocurría con el apoteósico final de Bastardos sin Gloria ) o emprendiéndola con este " homenaje y / o parodia " al Western Spaghetti. Y digo " homenaje y / o parodia " así, entre comillas, porque Dyango Unchained poco o nada tiene que ver con su predecesora dirigida por Sergio Corbucci y estelarizada por Franco Nero. Para ser honestos, de aquélla sólo quedan el leit motiv musical de nuestro Luisito Bacalov y la textura fotográfica deliberadamente envejecida y emulsionada para significar el paso del tiempo. Así las cosas, estamos en presencia de una apuesta distinta, empezando por su protagonista, un esclavo negro, que dos años antes de la Guerra de Secesión, es liberado de su condición por un cazarecompensas alemán, que a cambio de información fundamental acerca del paradero de tres fugitivos de la justicia, se convertirá en su mentor, enseñándole el trabajo sucio y acompañándolo, con rumbo al Sur profundo y esclavista de la América salvaje, en la difícil misión de rescatar a Broomhilda, la amada de Dyango en manos de un terrateniente algodonero, villano glamoroso y siniestro encarnado por el gran Leonardo Di Caprio. Dyango Unchained es un Western endiablado, feroz, donde la corporalidad brutal y lavelocidad de sus protagonistas, la violencia y la galería variopinta de sus criaturas son para Tarantino el detonador perfecto para la saturación de los materiales del cine. Una vez más, la forma ES el contenido, y en este punto Dyango se acerca silenciosa y pudorosamente al cine experimental. Es verdad que por momentos hay una comicidad ñoña ( los diálogos disparatados y atolondrados de la pandilla KKK de Don Johnson dan un poco de vergüenza ajena ), en la que el director, quizás culpógeno de tensar al máximo las miserias esclavistas del Sur, prefiere guarecerse para ablandar el peso de tanta carnicería ( o don Harvey Weinstein le haya dado un corporativo tironcito de orejas ), pero cuando pulsa los resortes de su cine renegrido, malicioso, de diálogos impensados para cualquier cineasta promedio ( la repugnante alocución de Di Caprio acerca de las distinciones entre el cráneo de un hombre blanco y el de un hombre negro harían sonrojar al mismísimo Lombroso ), la película gana alturas impredecibles.

Dyango Unchained incorpora una nota revolucionaria en su historia: mientras las demás películas que han tocado el pasado esclavista de los EEUU lo han hecho en el marco de ese punto de quiebre histórico/ político/ cultural que fue la conflagración secesionista entre Norte y Sur, el trabajo de Tarantino pone a su héroe justiciero, vengador de cuanto negro anónimo haya sido sometido a la flagrante obliteración genocida de esos años, en el centro de la escena, refundando ( otra vez ) la Historia de un país que nunca se atrevió, ideológica y cinematográficamente, a ir muy lejos en el tratamiento de sus miserias afligentes internas. Tarantino, muy a pesar de la crítica elitista, sigue haciendo historia ( aunque sea así, con " h " minúscula ). L. C.

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sábado, 2 de febrero de 2013

EL CRIMEN IMPERFECTO

         
TESIS SOBRE UN HOMICIDIO       por Leo Chubelich    

En una escena clave de " Tesis sobre un homicidio ", su protagonista, un afamadísimo profesor de Derecho Penal, desparrama sobre el piso de su departamento su biblioteca entera en busca de un objeto personal, una daga cortapapeles, cuya ausencia pone en evidencia que su hogar ha sido violentado. un maremágnum de papeles, el disloque del orden, que denota que Roberto Bermúdez ha empezado a vivir horas desesperadas. La escena remite a " Blow Out ", uno de los mejores exponentes del cine ítaloamericano de principios de los '80, película en la cual un sonidista, acuciado por motivos semejantes, procedía a desenrollar cada una de sus cintas de audio. En ambas películas, la paranoia es el motor de las conductas autodestructivas y el estado mental inevitable al que han llegado sus protagonistas, hombres que creen ver algo, una rebaba o borde romo, detalles de la significancia de un crimen, y lo que es aun peor, la percepción tozuda de la captación de ese " algo " que los demás no pueden apreciar. Más adelante, el mismo protagonista seguirá a su principal sospechoso por los pasillos del Malba. Arte en formato de espejos deformantes de geometrías extrañas y azogadas le permitirán guarecerse en pos de no ser detectado por su presa. La escena ahora es tributaria de " Vestida para matar ", otro hitazo de cine negro de los '80. Tanto " Blow Out " como " Vestida para matar " son películas de Brian De Palma. Hernán Goldfrid había dado sus primeros pasos como director con una película notable llamada " Música en espera ", y lo que hacía de aquella comedia una pequeña gran obra maestra era esa simplicidad para jugar con los géneros e incorporarlos al formato de los enredos propio de la comedia: la ludopatía del juego intertextual con los autores canónicos del cine clásico. En " Tesis sobre un homicidio " presenta a Roberto Bermúdez, un Abogado retirado y profesor reputado de la Facultad de Derecho, que tiene a su cargo un seminario de posgrado. Bermúdez es inteligente, exigente con el alumnado y ciertamente suficiente en su discursiva sin medias tintas acerca de qué es aquello que se precisa para ser un buen abogado y romper el molde. Como exponente de esa generación que orilla los cincuenta pirulos, hay por ahí un matrimonio frustrado del cual no sabe cómo deshacerse, hábitos nocturnos con cierta inclinación a la bebida, y una visión desencantada de la vida que lo lleva a transitar el hedonismo de levantarse a una alumna sin miramientos para tener sexo ocasional. Bermúdez es el núcleo duro del pathos masculino: su desamparo, su ternura, su intemperie, su crueldad, su infantil egocentrismo, y su vida, sin aparentes sobresaltos y con prestigio bien ganado, parece discurrir sin mayores sobresaltos, hasta que llega para cursar con él su seminario de posgrado Gonzalo, el hijo de un viejo amigo suyo ( Alberto Ammann, ganador de un Goya por el drama carcelario Celda 211 ). Gonzalo es inteligente, refinado, propenso a la disensión bien argumentada, tal vez una versión juvenil de Bermúdez, al que dice admirar profundamente de los años en que solían verse con cierta frecuencia. Una noche, una chica aparece brutalmente muerta - tras haber sido violada con particular sadismo - en el estacionamiento de la facultad, justo debajo de la ventana donde Bermúdez dicta sus clases. Algunos indicios de la escena del crimen hacen pensar al profesor que el asesino no podría ser otro que Gonzalo, iniciándose entre ambos hombres una suerte de partida de ajedrez intelectual, en la que está en juego la teoría del derecho, abonada por Bermúdez, de que no hay crímenes perfectos y la brillantez del alumno para erigirse en Némesis de su mentor, ocultando la trama. Algo así como el famoso caso de Leopold y Loeb, cuyo afán de probar en el mecanismo fáctico que el crimen perfecto no constituía una empresa imposible, recreó el gran Hitchcock en " La soga. "
 
Borges, en referencia a la novela policial, dijo alguna vez que la eficacia operativa del detective a cargo de la resolución del caso no debe privar al escritor de concederle al lector alguna anomalía que le permita equiparar al investigador. Anomalías en " Tesis sobre un homicidio " hay varias; y no sólo sobre el final. La información contextual, ese tesoro preciado al que aludía ( otra vez ) Hitchcock, y que debía estar presente y dosificado en los primeros minutos del metraje, aquí es un expediente desaprovechado por la tendencia de Goldfrid al subrayado constante y la sobrecarga. El otro problema de la película estriba en los personajes secundarios, que no tienen espacio para el desarrollo y los mínimos ropajes de carnadura. Si bien es cierto que al gran Arturo Puig le alcanzan cinco minutos para robarse el botín y hacernos creer que estuvo allí desde siempre, " Tesis sobre un homicidio " es una película que se apoya casi exclusivamente sobre sus dos protagonistas, trebejos del ajedrez intectual de tesis y demostración. Para cuando se incorpora a la historia la hermana de la chica asesinada, elemento que potencia el relato con esa lógica de tercero perjudicado que involucra emocionalmente a ambos protagonistas y es emblemática de la novela policial, " Tesis... " es la pulseada entre Darín/ Ammann, hecho que no puede disolver la insufrible Calu Rivero, tan torpemente afectada en sus crispaciones epidérmicas como empeñada constantemente en hacernos creer cuán mala intérprete puede ser. El policial, querido Goldfrid, necesita de mujeres fatales, capaces de prendernos fuego en la oscuridad de cualquier cine, o al menos lo suficientemente capaces de hacernos tragar circunstancialmente la píldora ( algo que ya ocurría con " La señal ", protagonizada y dirigida por Darín, con la insulsa Julieta Díaz ). Calu es una chica cool, es también la supuesta novia argenta del cariacontecido Sean Penn, y seguramente ha de tener buena presencia en las comedias-molde de la Pol-Ka de don Suar. Los veinte minutos finales de la película de Golfrid, jugados con la puesta en escena de esa experiencia inmersiva de los espectáculos del colectivo Fuerza Bruta, me hicieron pensar en De Palma. La película que hubiera hecho el loco Brian, señores! L. C.

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martes, 25 de diciembre de 2012

ROCKY MALANDRA

DIABLO

Es curiosa la historia del bizarrismo en nuestro país. Se cree y se celebra, a mi entender erróneamente, a ese adefesio llamado " Esperando la carroza " como si se tratase de la cumbre del cine bizarro. Una colección de situaciones pintorescas, pésimamente impostadas, con más tristeza que felicidad ( hay motivos para creer, a raíz del suceso atemporal de la película de Alejandro Doria, que el argentino es un ser morboso y atravesado por todos los vicios mal paridos del segregacionismo fascistoide ). Afortunadamente, los muchachos de Farsa Producciones vinieron a poner las cosas en su lugar ( de sólo ver cualquier fotograma de la saga Plaga Zombie, uno entiende de qué va la cosa ). Ahora llega " Diablo ", de Nicanor Loreti, que narra las peripecias de un boxeador retirado ( el magnífico Juan Palomino, con sendos tatuajes de Perón y Evita en los pectorales ) que, por culpa de la súbita aparición de un primo que anda en " la pesada " ( Sergio Boris ), se ve enredado en una pesadilla de gore, sangre y muerte. " Diablo " es puro Grindhouse, al estilo Robert Rodríguez, con fuerte filiación en esos exponentes ásperos de la década del setenta que nunca recibieron la anuencia de la prensa pacata, pero que nos hacían gozar como marranos ( si hasta incluye en su presentación el año de origen, mezclado en esa tipografía pixelada con ínfulas de subestándar afectado por las imperfecciones y el tiempo ), y una batería notable de ideas de puesta en escena con un gran conocimiento de los materiales que hacen a este tipo de cine.
" Diablo " triunfa en su galería variopinta de personajes freakies, sus diálogos graciosos y pasados de rosca, y la brillante utilización del espacio ( la película está filmada en una casa del conurbano y esa es una decisión-proeza que no la afecta en lo más mínimo ). Loreti lleva a su película por el andarivel de la exageración, en un sentido único y en un viaje a ninguna parte, sumando exponencialmente situaciones grotescas y fauna desopilante a la estructura de la película; también elimina las sobreexplicaciones ( la subtrama del personaje de D' Elía y el trasplante está expuesta con mínimo rigor y al servicio de los acontecimientos que precipitan el film a los terrenos del desvarío ). Loreti incendia cabezas con diálogos ungidos en aceite caliente, elucubrados desde la trincheras de la oralidad plebeya. Y al apostar fuerte al desfile repugnante pero irresistible y malicioso de sus criaturas, hace de los mínimos esbozos del guión una tertulia fiestera que deseamos no finalice nunca, y todo dentro de las dimensiones reducidas de un puñado de cuartos que jamás muestran signos de agotamiento. Párrafo aparte para el comando parapolicial liderado por un clon anabolizado de Sly Stallone, y, claro está, el tiroteo del último tramo del metraje, prodigio de puesta en escena, suciedad y efectos ópticos de electricidad en ralenti. " Diablo " es diversión puesta al servicio de la ingesta de fuego y el esputo de llamaradas.


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Cesar, un portero que te quiere bien

 MIENTRAS DUERMES

En los últimos años, el terror abandonó su mirada clásica y voyeurística ( originada y con anclaje en la cinefilia adicta al género ) para inclinarse a registrar a un voyeur impulsado por la técnica y la cámara de video. Lo citado pasaba en las Rec 1 y Rec 2, película de la dupla Paco Plaza - Jaume Balagueró. Allí, la cámara, a través de la modalidad de subjetiva, era una protagonista invasiva y perversa ( recurso que fue utilizado hasta la saciedad y la coronación del hartazgo por Romero y cuanto mercachifle de franquicias haya alumbrado el Hollywood del miedito de los últimos cinco años ). Ahora, después de haber rechazado codirigir Rec 3 con su compinche de marras, Paco Plaza, Balagueró se corta solo, y vuelve a esos exponentes de suspenso que le salen medianamente bien. El resultado es " Mientras duermes ", exponente de suspenso vertical, y es la historia de César, un portero abyecto que disfruta arruinándole la existencia a los habitantes de un condominio acomodado de un barrio no menos acomodado de Barcelona. Particularmente, la de la chica bonita y aparentemente feliz del consorcio, que como es de suponer no registra al encargado más allá de la formalidad del trato cotidiano. El tipo es un infeliz sórdido, solitario y carente de amigos, que busca afanosamente hacer daño con disimulo y solapadamente, cuestión de incorporar al mayor número de condóminos a su fe retorcida. Sólo visita a su madre comatosa en un nosocomio, a quien somete al confesional regular de sus astracanadas. Habrá otros problemas para César, claro está, en el despliegue flagrante de la invasión a la privacidad: la actividad de una niña que vigila los movimientos del portero y que asegura conocer cada una de sus maquinaciones, en especial, cuando decide acechar ( y mucho más ) bajo la cama de Clara. Balagueró trabaja bien a sus personajes y a los espacios, buscando alternativas que nunca agobien la puesta en escena, y hay que decir que en estos aspectos sale airoso, pero definitivamente sucumbe ante el verosímil. Veamos, ¿ puede alguien esconderse debajo de una cama todas las noches y no ser advertido ? Y eso por no mencionar otras decisiones argumentales, tan o más reñidas con ese expediente denominado verosimilitud, que convendrá no aspectar aquí para no develar puntos neurálgicos de la película.
" Mientras duermes " acumula algunos méritos relacionados con su protagonista, cortesía de ese animal de cine llamado Luis Tosar, y la construcción de uno de los finales más perversos y cruentos que recuerde en años. Es indisimulable que a Balagueró le gusta mucho " El inquilino " de Roman Polanski, influencia que resalta en el manejo de los espacios cerrados y oscuros de vestíbulos, ascensores y climas nocturnales que se acumulan en la historia. También hay que decir que cada uno de los actos desviados de César instila en el espectador una fascinación morbosa, que garantiza la atención hasta la nueva arremetida nerviosa de cada travesura en cuestión, algo que Balagueró sabe como escamotear con oficio hasta el desenlace. Desafortunadamente, los tramos finales se acomodan a una subtrama policial, débil, desdibujada. " Mientras duermes " plasma, sin lugar a dudas, a uno de los personajes más revulsivos que haya parido la historia del cine. Un verdadero hijo de puta a considerar. No es poco.


 
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lunes, 12 de noviembre de 2012

50 AÑOS

007 OPERACION SKYFALL
 
James Bond cumple cincuenta años y aquí y allá lleva adelante pequeñísimas revoluciones: renovación ministerial y dirigencial de sus superiores ( la desaparición de M-Judy Dench, ahora reemplazada por M-Ralph Fiennes, un burócrata desagradable en los primeros tramos y que gracias a un acto de heroicidad promediando el metraje revierte su imagen, perfilándose para el puesto ) y renovación tecnológi...
ca ( algunos gadgets , como la pistola microdermal, y el homenaje a la franquicia a través de la cita oldie a las invenciones del pasado ). A esta altura, después de 23 películas, hay que decir que Bond recorre el nuevo siglo en piloto automático. Dejando de lado la inepcia de Marc Forster ( Quantum of Solace, lo peor de la saga ), aquí está todo lo que caracteriza a esta nueva etapa liderada por Daniel Craig: Judy Dench y su frialdad ejecutiva en nombre del Imperio, la música aparatosa y la mitología multicultural, y el villano de marras ( un sobreactuado Bardem, un bosquejo malo del Guasón De Heath Ledger cruzado con Hannibal Lecter ) Pura fantasía de fantasistas. Ahora bien, Sam Mendes, recordado por ese bodrio cretino de " Belleza Americana ", sabe lucirse en algunas atmósferas hechas de tensión a base de diálogos ( se nota su oficio como puestista teatral y régie de ópera ), pero es torpérrimo en todo lo que tenga que ver con ese expediente tan vital llamado " Acción ". Hay una bella secuencia en Shangai de nerviosismo y expectación vigilante, puro juego observacional entre Bond y un asesino, pero me parece que es más una gentileza del fotógrafo Roger Deakins que del " prestigioso " Mendes. La trama es de una simplicidad pasmosa; y recuerda más a artefactos como " Juegos de Patriotas " que a toda la experiencia 007. Algo más; a mí me gusta Craig, pero creo que esta nueva dimensión de agente embrutecido, puro músculo arrogante y con perfil psicológico de niño traumatizado me remite más a un Bourne o un agente de la CIA que al sofistificado y lenguaraz agente británico. L. C.

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martes, 30 de octubre de 2012

SPIDER-BOY

LA ARAÑA VAMPIRO

A propósito del estreno de " Los paranoicos ", la ópera prima de Gabriel Medina, Javier Porta Fouz escribía lo siguiente en las gacetillas de prensa correspondientes al BAFICI 2008 " Luciano Gauna es un payaso. Bueno, en realidad anima fiestas infantiles para ganar algo de dinero. Y está ( vive ) preocupado. Teme algún contagio. Y hace mucho que está escribiendo ( o más bien no está escribiendo ) un guión. Es alguien a punto de estallar, o a punto de no arrancar nunca. Y llega su amigo Manuel desde España. Manuel es un ' ganador ' global y Luciano es un compendio de imposibilidades. Y aparece Sofía, la novia de Manuel. Con una narrativa briosa y un clasicismo que porta con orgullo marcas de géneros bien aprendidas, Gabriel Medina debuta nada menos que con una comedia. Una que tiene algo de romántica, algo de nocturna, algo de coming of age, algo de manifiesto contra el vacío y la desidia y algo de reflexión sobre ciertas ficciones argentinas. Y un protagonista inolvidable, ubicado y nombrado con precisión en un relato que le permite enfrentarse a la euforia y la velocidad y al vértigo de tomar decisiones. " Las maravillosas palabras del crítico Porta Fouz ilustran con claridad meridiana de qué iba esa primera película y sirven también para cartografiar y celebrar la presencia de " La araña vampiro ", segundo trabajo de Medina, en las carteleras locales. Definitivamente, retificación, confirmación y consagración de todo lo bueno de " Los paranoicos. "
Martín Piroyansky es Jerónimo, un joven de ciudad que llega a un paisaje agreste en compañía de su padre ( Alejandro Awada ) para rehabilitarse de algo que no está claro ( clínicamente podría ser fobia, panic attack u otras yerbas categorizadas por las mentes psicoanalíticas ), pero requiere de medicación. Jerónimo está desligado, asustadizo, alejado de ese entorno que produce extrañamiento, monotonía y subleva sus miedos. Es un bicho urbano, extranjero en tierra extraña, que sólo halla consuelo en su laptop. En el contexto de ese lugar y de una cabaña que ocupa con su padre, hay dos presencias femeninas: la de su madre, representada por una voz en off prácticamente inaudible en el teléfono, y que parece representar la dualidad preocupación / tensión ( alguna conversación con el padre parece sugerir que la relación no marcha del todo bien entre ellos ); y la de Camila, una lugareña sugerente, inquietante, que interpela al joven con su presencia pregnante de misterio. Hay también otra presencia que podríamos calificar de femenina, la de la araña vampiro del título, que tras picar el antebrazo del joven lo habrá de llevar, en busca de un antídoto, por páramos apocalípticos, gentileza de La Cumbrecita y mezcla de Western, Terror, realismo mágico y locura. Y todo ello habrá de ocurrir con la inestimable colaboración de un guía llamado Ruiz, un descastado mezcla de marginal, delirante místico y portavoz de la consciencia a-cultural, que representa la ambigüedad suscitada entre la credibilidad de la búsqueda y los estados de conciencia alterados. Puede confiarse en un borracho y corroborador de mitologías para emprender semejante viaje ? Medina no se anda con chiquitas para con Jerónimo: para evitar la muerte, el antídoto debe ser una nueva picadura de una araña de la misma especie. " La araña vampiro " es un viaje de autodescubrimiento y transformación a puro clasicismo y conciencia simbólica. Una road movie sintetizada en el sobreimpreso inicial que alude a Jack Kerouac ( Ve a la montaña/ elige un guía/ baja de la montaña/ regresa a la ciudad ) y que opera como agente rector de la batalla que habrá de librar Jerónimo; batalla por la vida y batalla contra sí mismo, zona de coexistencia entre lo mental y la acción, entre el sometimiento apático o el movimiento aunado al cambio. Para ello, y de acuerdo a lo que sucedía en " Los paranoicos ", la inclusión de la mujer en ese universo crítico habrá de representar un rol dominante a través de la aparición de Ailín Salas; y nunca mejor utilizado el vocablo " aparición " para describir a la chica que recibe a padre e hijo al comienzo de la película. Existe realmente el personaje de Ailín Salas o es un espectro ? Tal vez un Doppelgänger o fenómeno de la bilocación como parece atestiguar ese plano en que Jerónimo mira a través de un vidrio y allí se corporiza la presencia de la joven, creando la ilusión de reflejo ? Lo cierto es que la presencia femenina, así como sucedía en " Los paranoicos ", indica la salvación o un conocimiento preeminente, así como también el lugar de donde partir. Es gracias a su interferencia que Jerónimo habrá de adentrarse en el periplo, jugándosela en una visionaria patriada dictada por la clarividencia. Salas infunde respeto y temor reverencial, como aquél que infundían los sacerdotes tribales, porque es la que indica el camino a tomar como iniciadora del rito/ purificación.
Si en " Los paranoicos " la geografía estaba bien definida por la ciudad de Buenos Aires ( los personajes habitaban o transitaban lugares que los definían ), en " La araña vampiro " asistimos a paisajes imposibles, en el límite mismo de realidad fuera de sus goznes que implica dar prevalencia al mito sobre la ciencia. Medina filma quebradas ásperas, cuevas abiertas como llagas en la roca y fuegos restallantes en mitad de la noche constelada como si fuera baqueano de semejantes locaciones. En esa línea fronteriza entre el sueño y la vigilia, entre el terror que se desprende de la utilización de los espacios abiertos, se abre paso con seguridad y serenidad " La araña vampiro. " Llegar al final del recorrido tendrá ecos de final y renacimiento para Jerónimo. Viaje iniciático en el que debe perderse algo para resignificarse, templarse y forjarse como un arma y abandonar lo conocido. Como Gauna, como Medina mismo abandonando el límite preciso y conocido de la ciudad. Bienvenida incomodidad. L. C.

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Enlace de Sebastian perillo

lunes, 29 de octubre de 2012

YA NO ES CASUALIDAD...

ARGO

A esta altura hay que decirlo sin hesitar: Ben Affleck es la comprobación de un cineasta. Y uno muy bueno, si juzgamos que los recientes resultados positivos de su filmografía, impregnada de elegante clasicismo y gran habilidad para el pulso narrativo, están presentes en " Argo ", su tercer trabajo como actor y director. " Argo " es la historia de tres imposturas: la revolución islámica iraní, los medios de producción y distribución de esa factoría-picadora de carne llamada Hollywood y la política exterior norteamericana representada por la intervención de la Agencia Central de Inteligencia en cuanto conflicto de intereses haya asolado el planeta en los últimos sesenta años. " Argo " es asimismo tensión y nervio, personajes paridos a pura profundidad, un notable y puntilloso ejercicio de reconstrucción de época ( el año 1979 de la administración Carter y del advenimiento en el poder de ese monje negro llamado Ayatollah Komeini ) y la sensación de que el espíritu de Clint Eastwood, otro ferviente clasicista, sobrevuela esta película. Hay clima de Western ( la idea del héroe solitario, su heroísmo sacrificial, su desaparición entre bastidores y la difícil inclusión social ) en ese Medio Oriente convulsionado y azotado por injusticias y postergaciones y mucho, pero mucho Amor por el cine. L. C.

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jueves, 25 de octubre de 2012

PUÑOS Y CORAZON

THE EXPENDABLES (LOS INDESTRUCTIBLES)
 
 

Son quince minutos de acción saturada, autoconciencia plagada de chistes, frases como slogans en los costados de los vehículos y presentación de los gerontes. Todo demente, sin respiro, sin concesiones y a lo bruto, así como eran estos tipos allá por la década del ochenta. Luego, más adelante y promediando el minuto veinte, aparece el villano Van Damme ( que, ironía mediante, se llama Vilain y es ruso ) y mata al iniciado Hemsworth, el pibe del grupo que pensaba dimitir por amor.

Ahí la cosa se pone seriota un ratito, durante el funeral del novato, mientras Stallone pronuncia " justo se murió el que más quería vivir de nosotros... no tengo idea de qué quiere decir eso. " Y Statham lo interrumpe preguntando " ¿ Y ahora cuál es el plan ? Stallone baja a la tónica del primer segmento y replica, acercamiento de cámara mediante " The Plan? Track him, catch him, kill him! " Esa es la ética de " Los indestructibles ", la película de los gerontes del músculo reventón: el cuerpo llevado al movimiento extremo, la catarsis gozosa de la velocidad y la violencia, siempre por encima de los límites humanos y en conexión con la estratósfera. Sí, elección ética y no moral, ya que no hay pretensión alguna de imposición al mundo sino solo el deseo de decirle al espectador " somos lo que fuimos ", aquella famosa frase proferida por Apollo Creed en " Rocky 4 ". Y nosotros, como cuando teníamos catorce o quince, les creemos y los acompañamos en su cruzada fanatizada y liberadora de tiros y patadas, epopeya que es también reivindicación de ese expediente llamado vejez y ante el cual no hay inmunidad posible, ni para ellos ni para nosotros. Es cierto; están más lentos (a excepción del aplomado malhumorado de Statham), pero esa lentitud los baja un milímetro a la realidad terrenal, los vuelve más humanos dentro de la juguetería, hecho feliz que deriva en una catarata de chistes sobre la edad, y cuya apoteosis da de lleno en el centro de la diana con el remate de Schwarzenegger en el desenlace del film.

Para hacer una película de este tenor, como las de antaño, no basta el bronce del museo anabolizado; hace falta que la información contextual y la dinámica también estén subordinadas al juego de la vieja escuela. Antaño, estas películas podían ser buenas, regulares o malas, pero el espectador disfrutaba de una bonificación incluida en el precio de la entrada: el conocimiento acerca de hacia dónde iba y de dónde venía la acción. No había trampa al respecto; y en ese sentido, " Los indestructibles " no escamotea ni se guarda nada. La cámara está donde debe estar, se abre paso al plano generoso para encuadrar las trifulcas y hacer de la acción un recipiente orgánico y claro. Ni aún en el desnivel de sus planos finales, cuando el guión se acelera y cabalga hacia la hipérbole, la película de Simon West osa volverse mentirosa. Y es que " Los indestructibles " es en realidad " Los descartables " ( The expendables ), cosa que estos tipos fueron durante años, vituperados y desdeñados por la alta cultura. Pues bien, esta es su venganza: una película-juguetería para demoler tanta premisa pretenciosa y engrupida. " Los indestructibles " es " right in your face "; una celebración de la dignidad del aguante. L. C.
 

viernes, 19 de octubre de 2012

YO SOY LA LEY DEL MARKETING

DREDD

El Juez Dredd ingresa a una pajarera, algo así como un complejo habitacional muy humilde y afectado de superpoblación, como todo en Megacity One, con la intención de desbaratar una banda liderada por una ex prostituta llamada Ma- Ma, una verdadera capanga del tráfico de una droga de diseño llamada Slo-Mo, algo así como un Paco del futuro. El cana no va solo; lo acompaña una novata con poderes telepáticos, perteneciente al Escuadrón Psi, llamada Cassandra. La presencia de la pareja es advertida por los criminales, que activan un protocolo de emergencia radioactiva, clausurando el edificio y dejándolo aislado del mundo exterior. A qué les recuerda esta Dredd, nueva adaptación al cine del personaje británico creado por John Wagner y Carlos Ezquerra ? Sí, acertaron, se parece en su premisa a " La redada " de Gareth Evans, pero acá no hay velocidad, catarsis desatada a base de patadas y trompadas, y, definitivamente, no existe ese pulso vital llamado nervio." Dredd " es insulsez a oscuras ( porque queda cool filmar en pasillos afectados por el oxímoro borgeano de la luz oscura, viste? ); es violenta y fascistoide como el personaje del comic, sí, pero burocrática, pura energía cinética de tortuga, tripulada por diálogos producto de una escolaridad primaria, y lo que es peor, está vaciada de ese sarcasmo color azabache que hacía del campeón de las ejecuciones sumarias un producto a seguir. Dredd también es mentirosa en su intención de clonarse del espíritu del comic, caracterizado por el pulso distópico de la criminalidad al palo machacada por un cuerpo de Ley que reúne al mismo tiempo calidades de policía, juez, jurado y verdugo, porque se hace artificial y mentirosa, bien adulterada, en una secuencia crucial, como aquella en la que el Juez se vuelve perdonavidas de dos adolescentes armados. Y no, loco, los que leímos este pastón publicado en la mítica 2000 AD sabemos que este coso no excusa nada, te fríe y después pregunta. Y si no pregúntenle a Simon Bisley, visualista de la hostia, de órdago en eso que se llama plasmar violencia. Bisley te dibujaba un apocalipsis lisérgico ( al gran Biz le fascinaba fumar porro mientras reventaba los pencils ) al ritmo del humor negro y de la técnica de imprimir la sangre como si se tratase de una salpicadura en la página, haciendo entender al lector de qué iba la cosa: humor. Sí, humor abyecto. Humor sin concesiones de ninguna índole, intranquilizador, irrespetuoso, indecente. Humor volcánico hecho de una lava malparida y abrasiva que te cocinaba la conciencia. Pues bien, entonces cuando algo artificial da de lleno en una escena, secuencia o decisión argumental, todo lo que viene después está indefectiblemente viciado de esa misma nocividad. Y si para colmo, en lugar de revolcarnos en la amoralidad de ese futuro ni tan distante ni tan ajeno, la decisión pasa por incorporar el feísmo publicitario y qualité de unas escenas insoportablemente largas de consumo de drogas," Dredd ", en su indefinición estilística a mitad camino entre la suciedad y el rango de estilización estéril, el movimiento chiquito carente de inventiva para usar los espacios cerrados ( realizadores, aprendan de La redada lo que es expandir espacios hasta el infinito y más allá ) y el nulo carisma de sus protagonistas, incorporados al capricho de regar de aguardiente a las cuerdas vocales, es un subestándar que se apaga a los tres minutos cuando descubrimos que las motos aparatosas de los Jueces, pura potencia de llantas monstruosas, han sido reemplazadas por unas tetracilíndricas estilizadas. No vaya a ser cosa que se enoje por similaridades el Caballero Oscuro. Traición, viejo, traición. L. C.          

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