jueves, 21 de marzo de 2013

LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO

                      SINISTER                por Leo Chubelich

Mientras miraba " Sinister " ( Scott Derrickson ) pensaba en " La noche del demonio " ( James Wan ), y en que hubo que esperar dos años para que el cine de terror volviera a parir una obra magistral. Volvamos en el tiempo, al querido artificio, que tantos recursos tiene el cine como el diablo caras, cosa bien demostrada por estas dos preciosuras que se apropian del núcleo duro del terror setentoso. " Sinister " es una película seca y dura, como esas que nos julepeaban en nuestra dorada juventud, escamoteándonos para, ironía mediante, darnos más. La película de Derrickson es un loop maldito: centralidad y circularidad del miedo. Abre con un plano perturbador de una familia ahorcada en un árbol, con sus integrantes moviendo espasmódicamente las piernas, mientras una gran rama se desprende y hace de palanca, elevándolos como si se tratase de una polea a una altura mayor. La escena es aterradora, y su porosidad mal emulsionada evidencia que se trata de un registro fílmico doméstico, algo que luego sabremos es el mítico formato Super-8. El Super-8 era pura evolución del soporte Doble 8, con película de idéntica anchura, pero cuya distribución entre película de área impresionada y perforación ( así como las diferencias de tamaño de ambas ) presentaba características diferentes. Pensado para el mercado doméstico, gozó de gran popularidad en la década del setenta hasta que los posteriores sistemas de registro de imágenes sobre cinta magnética ( comúnmente llamados video, otra antigualla ) lo hicieron desaparecer. " Sinister " utiliza el formato para crear imágenes sobrecogedoras, dosificando y diversificando el susto con el objeto de no shockear de buenas a primeras, construyendo un relato donde la tentación al horror o la pura mostración cede a la elegancia del fuera de campo característico del terror. Es en ese registro de emulsiones e imperfecciones técnicas donde la película logra sus mejores momentos, pura confianza en su finalidad de ir trabajando las atmósferas pacientemente hasta una resolución final terrible. Cada vez que su protagonista, un atribulado escritor de novelas policiales, encuentra una nueva película hogareña en su desván y la curiosidad mórbida se apodera de él, " Sinister " alcanza alturas prodigiosas en la ingeniería del " found footage ", recurso que le permite a Derrickson jugar al juego que mejor le sale: el de los asesinatos familiares sádicos supervisados por una criatura espectral pero sin la destrucción pornográfica del cuerpo tan afín a adefesios como la repugnante franquicia " El juego del miedo ". Cada vez que una atrocidad está a punto de estrellarse en nuestras pupilas, el film queda pausado en espacio " off ", puro espacio invisible que rodea lo visible, o en primerísimos planos al semblante conturbado del bueno de Ethan Hawke, nunca tan en peligro antes como en esta ocasión. Asimismo, la musicalización incidental nerviosa, de bajos en " reverb " y frecuencias mínimas, incomoda hasta lo paroxístico al espectador." Sinister " puebla bien los espacios caseros con oscuridad y luces mortecinas, apagadas, y es que las tinieblas son capaces de avanzar a la par de las obsesiones de su protagonista, tan preocupado por resolver el misterio como por abrir inconscientemente la caja de Pandora de la emulsión Kodachrome. La imagen de los niños haciendo " ssssssh " con los semblantes deformes de las entidades paranormales, la utilización de monstruos habitantes del formato Super-8 ( aquello que el espectador cree que existe fuera del encuadre basándose en la información de lo que ve dentro del cuadro ), la actuación magnífica de Ethan Hawke y la partitura incidental escalofriante y totalmente funcional a la trama, hacen de la película de Scott Derrickson pura arquitectura del miedo. Por último, si algo más hace interesante a " Sinister " es la persuasión de su protagonista en el logicismo, en el racionalismo investigativo, que lo emparenta con cualquiera de nosotros. La fábula sobre la relación entre los vivos y los muertos, que es un tema universal; la historia de un mal inasible, brutal, que nunca se fue de la casa; la curiosidad morbosa que nos repele y a la vez controla el pensamiento y el deseo de ver, son elementos que hacen al género. Y la frase " La curiosidad mató al gato " la resultante.  L. C.

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miércoles, 20 de marzo de 2013

EN PRIMERA CLASE

                                               FLIGHT                       Por Marcos Navarro
  
"El látigo" Whitaker (Denzel Washington), un experimentado piloto y capitán de una aerolínea, después de una noche de sexo, mucho alcohol y poco sueño, tiene que pilotear una avión de pasajeros con destino a Atlanta, además de lo ya mencionado, por la mañana, Whitaker consume cocaina para contrarrestar los efectos de la resaca. Una mala jugada del destino, lo posiciona en un jumbo que tiene un desperfecto mecánico en su cola junto antes del aterrizaje. "El látigo" realiza una maniobra inusual que ningún otro piloto podria haber logrado, y salva 96 de las 102 vidas a bordo. Para la opinión pública es un héroe, no para los investigadores que ven en segundo plano la hazaña de Whitaker y se centran en la cantidad de alcohol en la sangre del piloto al momento del vuelo. A partir de ese momento el personaje de Denzel comienza una lucha por no ir a prisión, pero fundamentalemnte, una lucha despiadada contra el mismo y su grave adicción al alcohol.
 
 
¿Como analizar la película independientemente de la brutal interpretación de Washington? Sinceramente me resulta difícil, ya que, sin quitarle crédito a la dirección de Robert Zemeckis, la performance de Denzel es fundamental en el dramatismo de la historia. En defensa del director, se puede decir que pese a ser una drama con todas las letras, en ningún momento el film se torna tedioso o reiterativo. Solamente, a modo personal, me desagradó mucho el golpe bajo de una escena en el hospital donde estaba alojado Withaker, en una conversación entre el piloto, una hermosa adicta, y un moribundo enfermo de cáncer.
Para finalizar, como reza el encabezado de esta entrada, podemos decir que con Denzel; Siempre viajamos en primera clase. M. N.
 
 



lunes, 18 de marzo de 2013

NADIE SE ATREVA A TOCAR A MI VIEJA

                         MAMA                 por Leo Chubelich

Apremiado por un contexto económico desfavorable, un hombre mata a su esposa y planea hacer lo mismo con sus dos pequeñas hijas, las hermanas Victoria y Lillly, a las cuáles lleva a una cabaña sórdida en medio de un bosque para cumplir con su cometido macabro y suicidarse, pero una presencia sobrenatural se lo impide y las niñas desaparecen de la escena misteriosamente. Tiempo después, cinco años para ser exactos, el tío sigue dilapidando recursos y dinero en la búsqueda. Hasta que, naturalmente, las chicas aparecen en estado salvaje e infrahumano. Luego de una ardua batalla judicial por la tenencia de las menores, ambas se van a vivir con el tío y su novia ( una extraordinaria Jessica Chastain, de pelo renegrido y actitud de bajista punk ), quienes deberán asumir la tarea de reeducarlas y readaptarlas socialmente. Claro está, las hermanitas han traído algo consigo que las domina, atemoriza, condiciona y trastorna: un personaje fantasmal que ejerce un férreo matriarcado sobre el botín infantil. El punto de partida de " Mama ", la película del argentino Andrés Muschietti, luce bastante absurdo, pero en los veinte minutos iniciales de metraje hay vocación por el manejo del fuera de campo ( el ABC de cualquier film de terror que se precie de serlo ) y una ominosa atmósfera trabajada a partir de la sustracción, de la oscuridad como centro nodal del cuento gótico. La equiparación de las hermanas a bestias cuadrúpedas como resultante del cautiverio salvaje y la compleja restauración de la sociabilidad y los lazos familiares liberan a la película de la cerrazón ridícula del guión y la motorizan al afán juguetón, al puro juego, alumbrando los mejores climas para el espectador y poniendo blanco sobre negro. Muschietti trabaja bien el miedo a partir de los estados alterados de las criaturas, reforzando en el núcleo del relato la inseguridad y la duda respecto del vínculo menores / adultos. En ese segmento, liberado de la lógica llena de costuras del guión, la película respira. Y todo fluye sin la presencia siniestra de la madre fantasmática, escamoteada hábilmente y concebida desde la invisibilidad subyacente y cierta. " Mama " , tal como indica esa placa inicial que reza " Había una vez ", es un cuento de hadas. Y como todo cuento presenta características implacables a considerar: la primera es que transcurre en un universo similar al del sueño, donde cualquier cosa es posible. La segunda es que narra la disolución de la inocencia o su triunfo en un mundo donde ha desaparecido. Muschietti, consciente de ello, maneja los climas con la iconografía mágica del cuento, y un buen ejemplo de ello es la montaña de carozos de las cerezas del inicio; sabe como gambetear los lugares comunes del género con una cámara virtuosa y maquillar los baches narrativos ( recordemos que este largometraje es la conquista extendida de ese corto que motivó que Guillermo del Toro confiase en sus servicios para esta producción ), agregando densidad dramática a través de la psicología de los personajes, la dinámica infantil y las cuestiones relacionadas con el aprendizaje de hacerse madre a los golpes. Porque " Mama " trata en el fondo sobre el derecho atávico de ser madre, aunque se trate de dos madres putativas puestas en el centro de la escena y disputándose la maternidad: una furibunda, alma en pena cruelmente extirpada de su condición biológica de gestante, que reclama a las crías mantenidas durante cinco largos años como modo de interpelar un dolor primario y la otra, obligada por las circunstancias de la orfandad, pero resuelta a construir esa identidad e imponer la ley que la ausencia del padre -desaparecido durante gran parte de la trama - veta. Porque la película de Muschietti es una película femenina, una pulseada amorosa ( cada una en ese darse dando del amor a su manera ) hasta el final y sin orden rector paterno. Claro, para que las cosas se desarrollen convincentemente hay tres topadoras todoterreno: Jessica Chastain, animal cinematográfico puro que se devora el cuadro con una interpretación arrolladora: contenida y llena de permisividad al principio cuando se ve presionada por el contexto a jugar a la madraza que nunca deseó ser, y desesperada en los tramos finales cuando la abducción es un mano a mano con la mismísima muerte, y las protagonistas infantiles Isabelle Nélisse y Megan Charpentier, perturbadoras y vulnerables por igual, pura inocencia magullada de niñez expósita. Ellas, sólo las mujeres, son las responsables de que " Mama " no se desmorone en la oquedad de un guión precario, apenas desembozado como anécdota. Una madre que llama al hijo siempre es un milagro, permítanme la sensiblería. L. C.

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jueves, 14 de marzo de 2013

...Y TU AMOR MI ENFERMEDAD

ANTIVIRAL  Por Leo Chubelich
 
La premisa argumental es así: en un tiempo distópico, laboratorios corporativos ofrecen a los fanáticos la posibilidad de adquirir las enfermedades que padecen sus celebridades favoritas a los fines de sufrirlas, inoculación mediante, en carne propia. Syd March, su protagonista, es un técnico laboratorista que trafica algunos virus en su propio cuerpo a fin de venderlos en el mercado negro, pero cuando se contagia una nueva enfermedad no testeada, su negocio deviene pesadilla de supervivencia. La película de marras es " Antiviral " y presenta un plus: es el primer opus cinematográfico de Brandon Cronenberg. Y hay que decir que Brandon se aprendió al dedillo las mañas de su progenitor, especialmente las relacionadas con la producción fílmica más perturbadora de papá David, aquella preñada de delirios más cientificistas ( léase Existenz ) y menos mainstream de este presente. Debo agregar que el padre de Brandon es nada más y nada menos que el gran David Cronenberg?
Hechas las presentaciones de rigor, " Antiviral " ofrece interiores asépticos e impolutos ( esa abominable blancura hospitalaria que es leit motiv de indiferenciación generalizada en toda la película ), hi tech en monocromo que concilia pánico y atracción erótica suicida hacia la autodestrucción por imperativo de la fama ( la fama es, en términos del film, una gracia antojadiza que no reviste ninguna de las particularidades del talento: se es famoso o no, y en ese dictamen tiene especial incidencia la prensa rosa ), prescindencia de las emociones primarias en un tejido social desafectado de todo nervio sentimental y un protagonista ( Caleb Landry Jones ) andrógino, viral, anémico, que es descenso patológico y afán de aferrarse a las urgencias de la vida, pulseada entre lo cadavérico y lo vital, que lleva a la película por subtramas conspirativas menos interesantes. Es en la figura de su protagonista donde " Antiviral " se agiganta: ver su degradación física desde los primeros instantes, esas conversaciones maquinales que son dialecto de alusiones de pandemias conspicuas con otros empleados de la empresa, lo cual refiere inmediatamente a los favoritismos monotemáticos de una intelectualidad enferma, y los tramos finales donde el derrumbe se hace inminente y la trama se enrosca, volviéndose submundo delincuencial de explotación, concilia el espanto. En " Antiviral " no hay presencia del aparato represor del estado; a no ser por una discusión televisiva acerca de las implicancias morales del accionar de los laboratorios, cada palabra, cada hecho y cada acción es significante de la impunidad empresarial. El límite difuso entre la legalidad y lo delictivo se corre totalmente cuando la película se adentra en la clandestinidad de las redes mafiosas paralelas, empeñadas en las ganancias lucrativas y en el borramiento de todo sesgo humano, un poco más allá de las compañías oficiales. Todo es farmacéutica de la enfermedad, como esos bistecs de células célebres cultivadas que permiten a los consumidores devorarse a sus artistas predilectos. El film de Brandon Cronenberg es confuso en varios tramos, se pierde en primerísimos planos de agujas horadando la carne en la búsqueda de un gore qualité ( si es que ello pudiese existir ) y parece un borrador de ese conceptualismo quirúrgico llevado a la práctica tan eficientemente por papá David, pero en el vía crucis de Syd March, sus propósitos de hacer dinero pateando el tablero del grupo de pertenencia empresarial y la fascinación morbosa por los objetos de deseo y consumo de la sociedad, la posterior caída y el renacimiento ( otra carnadura del cadáver normalizado del inicio ) ejecutivo en la competencia; en la belleza enferma de los tulipanes rayados y en el endiosamiento de las celebridades gélidas como altivas estatuarias, distantes y militantes de la oquedad; incluso en sus imperfecciones y rémora narrativa, deja bien sentado el desafío de incomodar al espectador. Habrá que ver ahora si Brandon puede despegarse de las marcas autorales de don David, cuyo fantasma de " remedio sin receta y tu amor mi enfermedad " recorre la película sin pudor y disimulo. Si Brandon Cronenberg es un cineasta a ser considerado a futuro ( o si se queda en ese lote de hijos viviendo autoralmente a la sombra de sus padres, como sucede con Jennifer Lynch, siempre unos peldaños por debajo del gran David Lynch ) es un misterio cifrado en la próxima obra, esa que está por venir.

 




miércoles, 27 de febrero de 2013

PORQUE YO SIEMPRE AMÉ TU LOCURA

EL LADO LUMINOSO DE LA VIDA - por Leo Chubelich

Una historia de amor entre un bipolar y una depresiva? Admito que tal idea puede asustar a cualquiera, incluido al que aquí suscribe. Sin embargo, " El lado luminoso de la vida " aplastó con mis ínfulas críticas de demolición. Sí, es un cuento de hadas que opera como camino de redención para sus protagonistas; camino redentor en nombre y por cuenta del amor, y criticar eso sería como criticar el alma, el núcleo duro del cine estadounidense de los últimos cincuenta años, cuanto menos. Sí, es predecible, ¿ y qué hay con eso ? No por ser predecible hay que sentenciar apriorísticamente que algo es malo, menos aun cuando el comediógrafo David Russell ( el mismo de Tres reyes ) se toma el trabajo de clarificar las complejidades " patológicas " de sus criaturas, evitando el golpe bajo cretino al que hubiera sucumbido un Iñarritu o un Meirelles, arrojando luz sobre oscuridad tilinga y haciéndole una verónica a las historias clínicas con el firme propósito de dejar que los personajes respiren el juego y vayan ritmando hacia claridades trémulas al principio, seguras y evidentes después. Pero " El lado luminoso de la vida " es una gran película por sus dos protagonistas de excepción: él, Bradley Cooper, dotado para el registro múltiple de emociones, a veces saturadas y en otras ocasiones contenidas; ella, Jennifer Lawrence, que es capaz de morfarse el cuadro por sí misma, que es la mujer ya no como seguridad a la que se llega, sino como la seguridad desde la que se parte. En los ojos de la Lawrence está la mirada segura, persistente, a veces fastidiada, pero corajuda y tolerante de la mujer. Ella habrá de ser la que reeduque sentimentalmente al hombre, tan apremiado por las ganas de recuperar a un ex amor, responsable en gran parte del síntoma, como por las propias debilidades de comportamiento. No es poco mérito el De Russell saber dar a su trabajo forma de caos ordenado, y además es una película donde nada malo sucede, donde las cosas dolorosas, que las hay y son naturalmente capaces de dejar un sabor acre en la boca, nunca son verdaderamente dolorosas gracias a la virtuosa inclusión de humor inteligente. Eso es poner blanco sobre negro, es capitanear al ritmo de la emoción del darse dando. " El lado luminoso de la vida " es la gran película chiquita del año, y sabe moverse a lo ancho y a lo largo hasta con la sabiduría en la elección de los secundarios, que incluyen a un De Niro creíble como hacía tiempo no veía. Y nosotros, agradecidos.  L. C.         

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lunes, 25 de febrero de 2013

LA NOCHE DORADA

OSCAR 2013 - 85º EDICIÓN
 
 
GANADORES:
 
 Mejor Película: “Argo”, de Ben Affleck.

 Mejor Director: Ang Lee (“Una   aventura extraordinaria”).
 
 Mejor Actriz: Jennifer Lawrence (“El lado luminoso de la vida”).

 Mejor Actor: Daniel Day-Lewis (“Lincoln”).

 Mejor Actriz de Reparto: Anne Hathaway (“Los Miserables”).

 Mejor Actor de Reparto: Christoph Waltz (“Django sin cadenas”).

 Mejor Película extranjera: “Amour”, de Michael Haneke.
 
 Mejor Guión Adaptado: Chris Terrio (“Argo”).
 
 Mejor Guión Original: Quentin Tarantino (“Django sin cadenas”).

 Mejor Largometraje Animado: “Valiente”.
 
 Mejor Diseño de Producción: “Lincoln”.

 Mejor Fotografía: Claudio Miranda (“Una aventura extraordinaria”).

 Mejor Mezcla de Sonido: “Los Miserables”.

 Mejor Edición de Sonido: “La noche más oscura” y “007: Operación Skyfall”.

 Mejor Banda Sonora: “Una aventura extraordinaria”.

 Mejor Canción Original: “Skyfall”, Adele (“007: Operación Skyfall”).

 Mejor Edición: “Argo”.

 Mejor Vestuario: “Anna Karenina”.

 Mejores Efectos Especiales: “Una aventura extraordinaria”.

 Mejor Largometraje documental: “Searching for sugar man”.

 Mejor Maquillaje y Peinado: “Los Miserables”.

 Mejor Cortometraje animado: “Paperman”.

 Mejor Cortometraje: “Curfew”.

 Mejor Corto Documental: “Inocente”.
 

 
 
FUENTE: TELAM.

viernes, 8 de febrero de 2013

LA OBSESION TIENE CARA DE MUJER

        LA NOCHE MAS OSCURA      Por Leo Chubelich

En " Vivir al límite ", Kathryn Bigelow mostraba a un grupo de desactivadores de bombas en Irak, y lo hacía, vaya si lo hacía, con una pericia demoledora. Bigelow siempre fue una directora especialista en mundos masculinos: su violencia, la ritualística de los códigos machistas, el tratamiento visual con abundantes planos detalle sobre los cuerpos masculinos. Y en aquella película que le valió el Oscar ( arrebatándoselo, de paso, a su ex James Cameron ), Bigelow acentuó algunos cambios en su trabajo, despegándose de las principales marcas del orillo de su cine de los '80 / '90, y abriéndose a nuevos procedimientos más veristas en lo cinematográfico. Pues bien, que también hay realismo y verismo cinematográficos, casi en la experiencia limítrofe del documental, en " La Noche más Oscura ", su última película sobre la captura y asesinato de Bin Laden. Si " Vivir al Límite " era un film sobre el peor Irak posible, en el sentido más infernal del término, y representativo del absurdo final de la guerra, " La Noche más Oscura " es la exacerbación de ese absurdo, un combate que se lleva a cabo en un terreno imposible, ajeno, impropio, nunca colonizado ni dominado. La película De Bigelow es la persecución tenaz de un fantasma. Y es asimismo la historia de una obsesión. Una obsesión de diez años por el criminal más famoso del último milenio. Aquí están los universos masculinos cerrados y dominantes, pero la protagonista es Jessica Chastain, una agente de la CIA dedicada, workaholic y obsesiva, que demuestra no diferir demasiado de sus colegas hombres: no hay casi emociones en la mujer, a excepción del apabullante final; tampoco se hace mención a su familia y afecciones legítimas. El personaje de Chastain es un sabueso dedicado, tan divertido como un ataque cardíaco, entregado a la misión, que por otra parte preconiza el estado de disolución del mundo y el sostenimiento del absurdo, componente vital, nodal, para entregarse a nuevos retos, nuevas disquisiciones, nueva logística aplicada. La mujer es, en estos términos, como el hombre moderno: alguien que sólo se justifica, siente placer, se entrega irremediablemente a una tarea única, constante y hecha de pilas y pilas de papeles y tiempo. Una máquina, un grano de arena, un engrane. La adicción no es, aquí, una carrera irremediable por el placer, sino otra cosa: el mecanismo de control absoluto para seguir manteniendo el estado de absurdo del mundo. A diferencia del James de " Vivir al Límite " que sí se consagraba a la acción más pura, irresponsable y adrenalínica, Doña Kathryn hace de su criatura un personaje de acción y también de burocracia. Y en eso la película es implacable, con las vicisitudes para darle luz verde a un operativo, las agobiantes reuniones militares con el objeto de discutir la inteligencia. Cada nueva misión es la puesta en escena de una molestia abstracta y absurda, y Bigelow filma con la elipsis como aliada, plantándose en las cuestiones de escritorio con rigor periodístico ( al respecto, mucho tiene que ver su guionista estrella y pareja en la vida real, el periodista Mark Boals ), y mostrando el derrumbe imperceptible pero seguro de Chastain. Así " La Noche más Oscura " va ganando, progresivamente y con timing, velocidad, musculatura, complexión proteica, vértigo y movilidad. Desde las operaciones que naturalizan la tortura como procedimiento de coacción ( Bigelow filma " lateralmente " con el sólo objeto de enunciar las siniestras operaciones de extracción de información llevadas a cabo por empleados de la Agencia, repugnantes hacedores del tormento sin otra vida que la del apriete, pero sin regodearse enfermizamente en el accionar, es decir, sin legitimación del método empleado ), pasando por los estallidos de violencia ( sabiamente dosificados en la trama y expuestos con la más absoluta pericia técnica ), hasta la tensión y el nervio para anunciar las nuevas calamidades misionales, estamos en presencia de un exponente fílmico que hace de la calma un caldo de cultivo para los estallidos musculares. A propósito, los últimos cuarenta y cinco minutos son de un nivel pasmoso, de excelencia y construcción metódica. Al igual que su protagonista femenina, mujer de armas tomar, Bigelow también se entrega por completo a su cine muscular. Cada nuevo plano, cada encuadre y cada detonación armamentística es una promesa en manos de esta tipa. El plano final, cerrado, sobre la cara de Chastain, las lágrimas inevitables de la descompresión, y la incertidumbre sobre los resultados, son la comprobación gozosa, a pura potencia cinematográfica, de que hay otras películas posibles de ahí en más. Bin Laden fue? es? un cadáver elusivo que se ha llevado diez años de su vida y la ha dejado en el pasmo de disponer nuevamente de una vida para decidir. L. C.

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lunes, 4 de febrero de 2013

Blackexploitation...

          DJANGO UNCHAINED         por Leo Chubelich

A esta altura hablar de la " legitimidad " de Tarantino ( cualquier cosa que ello sea ) es un expediente de cosa juzgada; también de los supuestos " pecados " cinematográficos que le atañen al director de Kill Bill: que es un practicante del " sampling ", que roba de un cine poco visto o escasamente referido, y así podríamos seguir ad aeternum puntualizando y discutiendo giladas. Como sea, el esteticismo del espectáculo y el regodeo en las citas de la cultura popular sostiene a las películas de Tarantino, y obliga a sus detractores a hablar desde un punto de vista que podría estimarse anacrónico. Mientras tanto, Quentin, tragando y escupiendo géneros, sigue pa' lante, reescribiendo la Historia ( como ocurría con el apoteósico final de Bastardos sin Gloria ) o emprendiéndola con este " homenaje y / o parodia " al Western Spaghetti. Y digo " homenaje y / o parodia " así, entre comillas, porque Dyango Unchained poco o nada tiene que ver con su predecesora dirigida por Sergio Corbucci y estelarizada por Franco Nero. Para ser honestos, de aquélla sólo quedan el leit motiv musical de nuestro Luisito Bacalov y la textura fotográfica deliberadamente envejecida y emulsionada para significar el paso del tiempo. Así las cosas, estamos en presencia de una apuesta distinta, empezando por su protagonista, un esclavo negro, que dos años antes de la Guerra de Secesión, es liberado de su condición por un cazarecompensas alemán, que a cambio de información fundamental acerca del paradero de tres fugitivos de la justicia, se convertirá en su mentor, enseñándole el trabajo sucio y acompañándolo, con rumbo al Sur profundo y esclavista de la América salvaje, en la difícil misión de rescatar a Broomhilda, la amada de Dyango en manos de un terrateniente algodonero, villano glamoroso y siniestro encarnado por el gran Leonardo Di Caprio. Dyango Unchained es un Western endiablado, feroz, donde la corporalidad brutal y lavelocidad de sus protagonistas, la violencia y la galería variopinta de sus criaturas son para Tarantino el detonador perfecto para la saturación de los materiales del cine. Una vez más, la forma ES el contenido, y en este punto Dyango se acerca silenciosa y pudorosamente al cine experimental. Es verdad que por momentos hay una comicidad ñoña ( los diálogos disparatados y atolondrados de la pandilla KKK de Don Johnson dan un poco de vergüenza ajena ), en la que el director, quizás culpógeno de tensar al máximo las miserias esclavistas del Sur, prefiere guarecerse para ablandar el peso de tanta carnicería ( o don Harvey Weinstein le haya dado un corporativo tironcito de orejas ), pero cuando pulsa los resortes de su cine renegrido, malicioso, de diálogos impensados para cualquier cineasta promedio ( la repugnante alocución de Di Caprio acerca de las distinciones entre el cráneo de un hombre blanco y el de un hombre negro harían sonrojar al mismísimo Lombroso ), la película gana alturas impredecibles.

Dyango Unchained incorpora una nota revolucionaria en su historia: mientras las demás películas que han tocado el pasado esclavista de los EEUU lo han hecho en el marco de ese punto de quiebre histórico/ político/ cultural que fue la conflagración secesionista entre Norte y Sur, el trabajo de Tarantino pone a su héroe justiciero, vengador de cuanto negro anónimo haya sido sometido a la flagrante obliteración genocida de esos años, en el centro de la escena, refundando ( otra vez ) la Historia de un país que nunca se atrevió, ideológica y cinematográficamente, a ir muy lejos en el tratamiento de sus miserias afligentes internas. Tarantino, muy a pesar de la crítica elitista, sigue haciendo historia ( aunque sea así, con " h " minúscula ). L. C.

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sábado, 2 de febrero de 2013

EL CRIMEN IMPERFECTO

         
TESIS SOBRE UN HOMICIDIO       por Leo Chubelich    

En una escena clave de " Tesis sobre un homicidio ", su protagonista, un afamadísimo profesor de Derecho Penal, desparrama sobre el piso de su departamento su biblioteca entera en busca de un objeto personal, una daga cortapapeles, cuya ausencia pone en evidencia que su hogar ha sido violentado. un maremágnum de papeles, el disloque del orden, que denota que Roberto Bermúdez ha empezado a vivir horas desesperadas. La escena remite a " Blow Out ", uno de los mejores exponentes del cine ítaloamericano de principios de los '80, película en la cual un sonidista, acuciado por motivos semejantes, procedía a desenrollar cada una de sus cintas de audio. En ambas películas, la paranoia es el motor de las conductas autodestructivas y el estado mental inevitable al que han llegado sus protagonistas, hombres que creen ver algo, una rebaba o borde romo, detalles de la significancia de un crimen, y lo que es aun peor, la percepción tozuda de la captación de ese " algo " que los demás no pueden apreciar. Más adelante, el mismo protagonista seguirá a su principal sospechoso por los pasillos del Malba. Arte en formato de espejos deformantes de geometrías extrañas y azogadas le permitirán guarecerse en pos de no ser detectado por su presa. La escena ahora es tributaria de " Vestida para matar ", otro hitazo de cine negro de los '80. Tanto " Blow Out " como " Vestida para matar " son películas de Brian De Palma. Hernán Goldfrid había dado sus primeros pasos como director con una película notable llamada " Música en espera ", y lo que hacía de aquella comedia una pequeña gran obra maestra era esa simplicidad para jugar con los géneros e incorporarlos al formato de los enredos propio de la comedia: la ludopatía del juego intertextual con los autores canónicos del cine clásico. En " Tesis sobre un homicidio " presenta a Roberto Bermúdez, un Abogado retirado y profesor reputado de la Facultad de Derecho, que tiene a su cargo un seminario de posgrado. Bermúdez es inteligente, exigente con el alumnado y ciertamente suficiente en su discursiva sin medias tintas acerca de qué es aquello que se precisa para ser un buen abogado y romper el molde. Como exponente de esa generación que orilla los cincuenta pirulos, hay por ahí un matrimonio frustrado del cual no sabe cómo deshacerse, hábitos nocturnos con cierta inclinación a la bebida, y una visión desencantada de la vida que lo lleva a transitar el hedonismo de levantarse a una alumna sin miramientos para tener sexo ocasional. Bermúdez es el núcleo duro del pathos masculino: su desamparo, su ternura, su intemperie, su crueldad, su infantil egocentrismo, y su vida, sin aparentes sobresaltos y con prestigio bien ganado, parece discurrir sin mayores sobresaltos, hasta que llega para cursar con él su seminario de posgrado Gonzalo, el hijo de un viejo amigo suyo ( Alberto Ammann, ganador de un Goya por el drama carcelario Celda 211 ). Gonzalo es inteligente, refinado, propenso a la disensión bien argumentada, tal vez una versión juvenil de Bermúdez, al que dice admirar profundamente de los años en que solían verse con cierta frecuencia. Una noche, una chica aparece brutalmente muerta - tras haber sido violada con particular sadismo - en el estacionamiento de la facultad, justo debajo de la ventana donde Bermúdez dicta sus clases. Algunos indicios de la escena del crimen hacen pensar al profesor que el asesino no podría ser otro que Gonzalo, iniciándose entre ambos hombres una suerte de partida de ajedrez intelectual, en la que está en juego la teoría del derecho, abonada por Bermúdez, de que no hay crímenes perfectos y la brillantez del alumno para erigirse en Némesis de su mentor, ocultando la trama. Algo así como el famoso caso de Leopold y Loeb, cuyo afán de probar en el mecanismo fáctico que el crimen perfecto no constituía una empresa imposible, recreó el gran Hitchcock en " La soga. "
 
Borges, en referencia a la novela policial, dijo alguna vez que la eficacia operativa del detective a cargo de la resolución del caso no debe privar al escritor de concederle al lector alguna anomalía que le permita equiparar al investigador. Anomalías en " Tesis sobre un homicidio " hay varias; y no sólo sobre el final. La información contextual, ese tesoro preciado al que aludía ( otra vez ) Hitchcock, y que debía estar presente y dosificado en los primeros minutos del metraje, aquí es un expediente desaprovechado por la tendencia de Goldfrid al subrayado constante y la sobrecarga. El otro problema de la película estriba en los personajes secundarios, que no tienen espacio para el desarrollo y los mínimos ropajes de carnadura. Si bien es cierto que al gran Arturo Puig le alcanzan cinco minutos para robarse el botín y hacernos creer que estuvo allí desde siempre, " Tesis sobre un homicidio " es una película que se apoya casi exclusivamente sobre sus dos protagonistas, trebejos del ajedrez intectual de tesis y demostración. Para cuando se incorpora a la historia la hermana de la chica asesinada, elemento que potencia el relato con esa lógica de tercero perjudicado que involucra emocionalmente a ambos protagonistas y es emblemática de la novela policial, " Tesis... " es la pulseada entre Darín/ Ammann, hecho que no puede disolver la insufrible Calu Rivero, tan torpemente afectada en sus crispaciones epidérmicas como empeñada constantemente en hacernos creer cuán mala intérprete puede ser. El policial, querido Goldfrid, necesita de mujeres fatales, capaces de prendernos fuego en la oscuridad de cualquier cine, o al menos lo suficientemente capaces de hacernos tragar circunstancialmente la píldora ( algo que ya ocurría con " La señal ", protagonizada y dirigida por Darín, con la insulsa Julieta Díaz ). Calu es una chica cool, es también la supuesta novia argenta del cariacontecido Sean Penn, y seguramente ha de tener buena presencia en las comedias-molde de la Pol-Ka de don Suar. Los veinte minutos finales de la película de Golfrid, jugados con la puesta en escena de esa experiencia inmersiva de los espectáculos del colectivo Fuerza Bruta, me hicieron pensar en De Palma. La película que hubiera hecho el loco Brian, señores! L. C.

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martes, 25 de diciembre de 2012

ROCKY MALANDRA

DIABLO

Es curiosa la historia del bizarrismo en nuestro país. Se cree y se celebra, a mi entender erróneamente, a ese adefesio llamado " Esperando la carroza " como si se tratase de la cumbre del cine bizarro. Una colección de situaciones pintorescas, pésimamente impostadas, con más tristeza que felicidad ( hay motivos para creer, a raíz del suceso atemporal de la película de Alejandro Doria, que el argentino es un ser morboso y atravesado por todos los vicios mal paridos del segregacionismo fascistoide ). Afortunadamente, los muchachos de Farsa Producciones vinieron a poner las cosas en su lugar ( de sólo ver cualquier fotograma de la saga Plaga Zombie, uno entiende de qué va la cosa ). Ahora llega " Diablo ", de Nicanor Loreti, que narra las peripecias de un boxeador retirado ( el magnífico Juan Palomino, con sendos tatuajes de Perón y Evita en los pectorales ) que, por culpa de la súbita aparición de un primo que anda en " la pesada " ( Sergio Boris ), se ve enredado en una pesadilla de gore, sangre y muerte. " Diablo " es puro Grindhouse, al estilo Robert Rodríguez, con fuerte filiación en esos exponentes ásperos de la década del setenta que nunca recibieron la anuencia de la prensa pacata, pero que nos hacían gozar como marranos ( si hasta incluye en su presentación el año de origen, mezclado en esa tipografía pixelada con ínfulas de subestándar afectado por las imperfecciones y el tiempo ), y una batería notable de ideas de puesta en escena con un gran conocimiento de los materiales que hacen a este tipo de cine.
" Diablo " triunfa en su galería variopinta de personajes freakies, sus diálogos graciosos y pasados de rosca, y la brillante utilización del espacio ( la película está filmada en una casa del conurbano y esa es una decisión-proeza que no la afecta en lo más mínimo ). Loreti lleva a su película por el andarivel de la exageración, en un sentido único y en un viaje a ninguna parte, sumando exponencialmente situaciones grotescas y fauna desopilante a la estructura de la película; también elimina las sobreexplicaciones ( la subtrama del personaje de D' Elía y el trasplante está expuesta con mínimo rigor y al servicio de los acontecimientos que precipitan el film a los terrenos del desvarío ). Loreti incendia cabezas con diálogos ungidos en aceite caliente, elucubrados desde la trincheras de la oralidad plebeya. Y al apostar fuerte al desfile repugnante pero irresistible y malicioso de sus criaturas, hace de los mínimos esbozos del guión una tertulia fiestera que deseamos no finalice nunca, y todo dentro de las dimensiones reducidas de un puñado de cuartos que jamás muestran signos de agotamiento. Párrafo aparte para el comando parapolicial liderado por un clon anabolizado de Sly Stallone, y, claro está, el tiroteo del último tramo del metraje, prodigio de puesta en escena, suciedad y efectos ópticos de electricidad en ralenti. " Diablo " es diversión puesta al servicio de la ingesta de fuego y el esputo de llamaradas.


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Cesar, un portero que te quiere bien

 MIENTRAS DUERMES

En los últimos años, el terror abandonó su mirada clásica y voyeurística ( originada y con anclaje en la cinefilia adicta al género ) para inclinarse a registrar a un voyeur impulsado por la técnica y la cámara de video. Lo citado pasaba en las Rec 1 y Rec 2, película de la dupla Paco Plaza - Jaume Balagueró. Allí, la cámara, a través de la modalidad de subjetiva, era una protagonista invasiva y perversa ( recurso que fue utilizado hasta la saciedad y la coronación del hartazgo por Romero y cuanto mercachifle de franquicias haya alumbrado el Hollywood del miedito de los últimos cinco años ). Ahora, después de haber rechazado codirigir Rec 3 con su compinche de marras, Paco Plaza, Balagueró se corta solo, y vuelve a esos exponentes de suspenso que le salen medianamente bien. El resultado es " Mientras duermes ", exponente de suspenso vertical, y es la historia de César, un portero abyecto que disfruta arruinándole la existencia a los habitantes de un condominio acomodado de un barrio no menos acomodado de Barcelona. Particularmente, la de la chica bonita y aparentemente feliz del consorcio, que como es de suponer no registra al encargado más allá de la formalidad del trato cotidiano. El tipo es un infeliz sórdido, solitario y carente de amigos, que busca afanosamente hacer daño con disimulo y solapadamente, cuestión de incorporar al mayor número de condóminos a su fe retorcida. Sólo visita a su madre comatosa en un nosocomio, a quien somete al confesional regular de sus astracanadas. Habrá otros problemas para César, claro está, en el despliegue flagrante de la invasión a la privacidad: la actividad de una niña que vigila los movimientos del portero y que asegura conocer cada una de sus maquinaciones, en especial, cuando decide acechar ( y mucho más ) bajo la cama de Clara. Balagueró trabaja bien a sus personajes y a los espacios, buscando alternativas que nunca agobien la puesta en escena, y hay que decir que en estos aspectos sale airoso, pero definitivamente sucumbe ante el verosímil. Veamos, ¿ puede alguien esconderse debajo de una cama todas las noches y no ser advertido ? Y eso por no mencionar otras decisiones argumentales, tan o más reñidas con ese expediente denominado verosimilitud, que convendrá no aspectar aquí para no develar puntos neurálgicos de la película.
" Mientras duermes " acumula algunos méritos relacionados con su protagonista, cortesía de ese animal de cine llamado Luis Tosar, y la construcción de uno de los finales más perversos y cruentos que recuerde en años. Es indisimulable que a Balagueró le gusta mucho " El inquilino " de Roman Polanski, influencia que resalta en el manejo de los espacios cerrados y oscuros de vestíbulos, ascensores y climas nocturnales que se acumulan en la historia. También hay que decir que cada uno de los actos desviados de César instila en el espectador una fascinación morbosa, que garantiza la atención hasta la nueva arremetida nerviosa de cada travesura en cuestión, algo que Balagueró sabe como escamotear con oficio hasta el desenlace. Desafortunadamente, los tramos finales se acomodan a una subtrama policial, débil, desdibujada. " Mientras duermes " plasma, sin lugar a dudas, a uno de los personajes más revulsivos que haya parido la historia del cine. Un verdadero hijo de puta a considerar. No es poco.


 
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lunes, 12 de noviembre de 2012

50 AÑOS

007 OPERACION SKYFALL
 
James Bond cumple cincuenta años y aquí y allá lleva adelante pequeñísimas revoluciones: renovación ministerial y dirigencial de sus superiores ( la desaparición de M-Judy Dench, ahora reemplazada por M-Ralph Fiennes, un burócrata desagradable en los primeros tramos y que gracias a un acto de heroicidad promediando el metraje revierte su imagen, perfilándose para el puesto ) y renovación tecnológi...
ca ( algunos gadgets , como la pistola microdermal, y el homenaje a la franquicia a través de la cita oldie a las invenciones del pasado ). A esta altura, después de 23 películas, hay que decir que Bond recorre el nuevo siglo en piloto automático. Dejando de lado la inepcia de Marc Forster ( Quantum of Solace, lo peor de la saga ), aquí está todo lo que caracteriza a esta nueva etapa liderada por Daniel Craig: Judy Dench y su frialdad ejecutiva en nombre del Imperio, la música aparatosa y la mitología multicultural, y el villano de marras ( un sobreactuado Bardem, un bosquejo malo del Guasón De Heath Ledger cruzado con Hannibal Lecter ) Pura fantasía de fantasistas. Ahora bien, Sam Mendes, recordado por ese bodrio cretino de " Belleza Americana ", sabe lucirse en algunas atmósferas hechas de tensión a base de diálogos ( se nota su oficio como puestista teatral y régie de ópera ), pero es torpérrimo en todo lo que tenga que ver con ese expediente tan vital llamado " Acción ". Hay una bella secuencia en Shangai de nerviosismo y expectación vigilante, puro juego observacional entre Bond y un asesino, pero me parece que es más una gentileza del fotógrafo Roger Deakins que del " prestigioso " Mendes. La trama es de una simplicidad pasmosa; y recuerda más a artefactos como " Juegos de Patriotas " que a toda la experiencia 007. Algo más; a mí me gusta Craig, pero creo que esta nueva dimensión de agente embrutecido, puro músculo arrogante y con perfil psicológico de niño traumatizado me remite más a un Bourne o un agente de la CIA que al sofistificado y lenguaraz agente británico. L. C.

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jueves, 8 de noviembre de 2012

"A MI SE ME RESPETA!"

LEONARDO FAVIO

Se nos fue Leonardo Favio. Se fue el último romántico. Favio supo " megalomanizar " la obra de su mentor Torre Nilsson, excediéndose, abrazando un edificio estético que se salía de sus goznes. A partir de " Crónica de un niño solo ", Favio se adensa y estalla en una Épica del kitsch nacional ( trágica y ridícula, sentimental y circense. Era el control formal, la claridad artística, el uso matemático del tiempo, la confección de mundos populares que obedecían a la ética de los desposeídos y hambreados. Se nos fue uno de los últimos directores clásicos ( el otro es, sin lugar a dudas, Aristarain ) y el país está de duelo. L. C.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

WHITE RUBBISH

KILLER JOE
 
De William Friedkin no puede decirse mucho ( Friedkin es el responsable de dos de los mejores títulos de la década del setenta: French Connection y The Exorcist ). Es un veterano que practica un cine joven que no ha perdido un ápice de su frescura. Mientras otros directores mucho más jovenes hacen un cine viejo, puro vino viejo en odres viejos de fórmulas gastadas, el tipo te descerraja una película sórdida, incómoda, negrísima. Porque " Killer Joe " es un puñetazo del mejor Tyson en la boca del estómago; y Friedkin se ríe de ese territorio mítico, supersticioso y abyecto que es el Sur profundo de los Estados Unidos, ese paradigma frecuentemente revisitado por Hollywood en clave de decadencia cultural; se ríe de los rednecks ; se ríe de y con nosotros y se divierte con sus actores, a los que guía a hacer cosas en la pantalla que nunca hubieran soñado. " Killer Joe " me recuerda a " Antes que el diablo sepa que estás muerto ", del desaparecido Sidney Lumet: sequedad expositiva y rabiosa fruto del clasicismo de la década del setenta, relatos de personajes densos y amorales, familias instaladas sobre el ojo de un huracán que entregan, sin quererlo y sin necesidad de esa pandemia llamada declamación, un retrato del desmoronamiento disfuncional ( la familia como entelequia reemplazada por la perturbación y la aberración del matricidio en el caso de esta película ) y un enorme desencanto de la condición humana ( ni inocentes ni culpables, sino escoria social hecha de miserias inconfesables ). Ambas películas ponen la lupa, con menesteres de entomólogo, sobre personajes podridos como las aguas del Leteo, movidos por la codicia más ruin y las soluciones definitivas que no hacen más que rizar el rizo de la violencia, ese expediente que tiende a la circularidad y al rebote. Pero mientras en la de Lumet la tragedia se desencadenaba en el seno de una familia burguesa, aparentemente acomodada, la de Friedkin presenta a un núcleo de perdedores desesperados, pura lacra redneck dispuesta a arrancarse los ojos por el dinero de una póliza de seguro. Friedkin va al grano desde el minuto cero, consciente de que trabaja con una obra de teatro firmada por Tracy Letts, no hace " drama teatral filmado " sino que explota las condiciones naturales del diseño de producción ( los brevísimos exteriores filmados bajo la furia del arco voltaico de la actividad eléctrica y la tormenta, los planos nocturnos y los feísmos de la parálisis edilicia y la precariedad del suburbio donde residen sus criaturas, las cruces iluminadas por el resplandor de los rayos y la simbología de las conductas humanas ), la compenetración de sus actores, todos increíbles y entregados a la caída irremisible de sus mundos descompuestos, con un Matthew Mc Conaughey descomunal y saturado en la que tal vez sea la actuación de su vida, y la concisión del núcleo duro dramático de las escenas ( Friedkin sabe darle a cada encuadre la duración justa, con un timing que ya quisiera más de uno ). Hay veinte minutos finales que son una montaña rusa saturada de nerviosismo, como solo un cineasta apto para tragar fuego y escupir una antorcha de acetileno para derretir nuestras conciencias es capaz, y una fellatio con una patita de pollo, que es una de las secuencias más perturbadoras de los últimos tiempos. " Killer Joe " es negrísima como un abismo, y el uso matemático del tiempo, esa bomba de relojería compuesta de manecillas, determinará que la fatalidad es el motor de las conductas desviadas para sus patéticas criaturas. L. C.

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martes, 30 de octubre de 2012

SPIDER-BOY

LA ARAÑA VAMPIRO

A propósito del estreno de " Los paranoicos ", la ópera prima de Gabriel Medina, Javier Porta Fouz escribía lo siguiente en las gacetillas de prensa correspondientes al BAFICI 2008 " Luciano Gauna es un payaso. Bueno, en realidad anima fiestas infantiles para ganar algo de dinero. Y está ( vive ) preocupado. Teme algún contagio. Y hace mucho que está escribiendo ( o más bien no está escribiendo ) un guión. Es alguien a punto de estallar, o a punto de no arrancar nunca. Y llega su amigo Manuel desde España. Manuel es un ' ganador ' global y Luciano es un compendio de imposibilidades. Y aparece Sofía, la novia de Manuel. Con una narrativa briosa y un clasicismo que porta con orgullo marcas de géneros bien aprendidas, Gabriel Medina debuta nada menos que con una comedia. Una que tiene algo de romántica, algo de nocturna, algo de coming of age, algo de manifiesto contra el vacío y la desidia y algo de reflexión sobre ciertas ficciones argentinas. Y un protagonista inolvidable, ubicado y nombrado con precisión en un relato que le permite enfrentarse a la euforia y la velocidad y al vértigo de tomar decisiones. " Las maravillosas palabras del crítico Porta Fouz ilustran con claridad meridiana de qué iba esa primera película y sirven también para cartografiar y celebrar la presencia de " La araña vampiro ", segundo trabajo de Medina, en las carteleras locales. Definitivamente, retificación, confirmación y consagración de todo lo bueno de " Los paranoicos. "
Martín Piroyansky es Jerónimo, un joven de ciudad que llega a un paisaje agreste en compañía de su padre ( Alejandro Awada ) para rehabilitarse de algo que no está claro ( clínicamente podría ser fobia, panic attack u otras yerbas categorizadas por las mentes psicoanalíticas ), pero requiere de medicación. Jerónimo está desligado, asustadizo, alejado de ese entorno que produce extrañamiento, monotonía y subleva sus miedos. Es un bicho urbano, extranjero en tierra extraña, que sólo halla consuelo en su laptop. En el contexto de ese lugar y de una cabaña que ocupa con su padre, hay dos presencias femeninas: la de su madre, representada por una voz en off prácticamente inaudible en el teléfono, y que parece representar la dualidad preocupación / tensión ( alguna conversación con el padre parece sugerir que la relación no marcha del todo bien entre ellos ); y la de Camila, una lugareña sugerente, inquietante, que interpela al joven con su presencia pregnante de misterio. Hay también otra presencia que podríamos calificar de femenina, la de la araña vampiro del título, que tras picar el antebrazo del joven lo habrá de llevar, en busca de un antídoto, por páramos apocalípticos, gentileza de La Cumbrecita y mezcla de Western, Terror, realismo mágico y locura. Y todo ello habrá de ocurrir con la inestimable colaboración de un guía llamado Ruiz, un descastado mezcla de marginal, delirante místico y portavoz de la consciencia a-cultural, que representa la ambigüedad suscitada entre la credibilidad de la búsqueda y los estados de conciencia alterados. Puede confiarse en un borracho y corroborador de mitologías para emprender semejante viaje ? Medina no se anda con chiquitas para con Jerónimo: para evitar la muerte, el antídoto debe ser una nueva picadura de una araña de la misma especie. " La araña vampiro " es un viaje de autodescubrimiento y transformación a puro clasicismo y conciencia simbólica. Una road movie sintetizada en el sobreimpreso inicial que alude a Jack Kerouac ( Ve a la montaña/ elige un guía/ baja de la montaña/ regresa a la ciudad ) y que opera como agente rector de la batalla que habrá de librar Jerónimo; batalla por la vida y batalla contra sí mismo, zona de coexistencia entre lo mental y la acción, entre el sometimiento apático o el movimiento aunado al cambio. Para ello, y de acuerdo a lo que sucedía en " Los paranoicos ", la inclusión de la mujer en ese universo crítico habrá de representar un rol dominante a través de la aparición de Ailín Salas; y nunca mejor utilizado el vocablo " aparición " para describir a la chica que recibe a padre e hijo al comienzo de la película. Existe realmente el personaje de Ailín Salas o es un espectro ? Tal vez un Doppelgänger o fenómeno de la bilocación como parece atestiguar ese plano en que Jerónimo mira a través de un vidrio y allí se corporiza la presencia de la joven, creando la ilusión de reflejo ? Lo cierto es que la presencia femenina, así como sucedía en " Los paranoicos ", indica la salvación o un conocimiento preeminente, así como también el lugar de donde partir. Es gracias a su interferencia que Jerónimo habrá de adentrarse en el periplo, jugándosela en una visionaria patriada dictada por la clarividencia. Salas infunde respeto y temor reverencial, como aquél que infundían los sacerdotes tribales, porque es la que indica el camino a tomar como iniciadora del rito/ purificación.
Si en " Los paranoicos " la geografía estaba bien definida por la ciudad de Buenos Aires ( los personajes habitaban o transitaban lugares que los definían ), en " La araña vampiro " asistimos a paisajes imposibles, en el límite mismo de realidad fuera de sus goznes que implica dar prevalencia al mito sobre la ciencia. Medina filma quebradas ásperas, cuevas abiertas como llagas en la roca y fuegos restallantes en mitad de la noche constelada como si fuera baqueano de semejantes locaciones. En esa línea fronteriza entre el sueño y la vigilia, entre el terror que se desprende de la utilización de los espacios abiertos, se abre paso con seguridad y serenidad " La araña vampiro. " Llegar al final del recorrido tendrá ecos de final y renacimiento para Jerónimo. Viaje iniciático en el que debe perderse algo para resignificarse, templarse y forjarse como un arma y abandonar lo conocido. Como Gauna, como Medina mismo abandonando el límite preciso y conocido de la ciudad. Bienvenida incomodidad. L. C.

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La utilización de este enlace no persigue ningún fin comercial.
Enlace de Sebastian perillo

lunes, 29 de octubre de 2012

YA NO ES CASUALIDAD...

ARGO

A esta altura hay que decirlo sin hesitar: Ben Affleck es la comprobación de un cineasta. Y uno muy bueno, si juzgamos que los recientes resultados positivos de su filmografía, impregnada de elegante clasicismo y gran habilidad para el pulso narrativo, están presentes en " Argo ", su tercer trabajo como actor y director. " Argo " es la historia de tres imposturas: la revolución islámica iraní, los medios de producción y distribución de esa factoría-picadora de carne llamada Hollywood y la política exterior norteamericana representada por la intervención de la Agencia Central de Inteligencia en cuanto conflicto de intereses haya asolado el planeta en los últimos sesenta años. " Argo " es asimismo tensión y nervio, personajes paridos a pura profundidad, un notable y puntilloso ejercicio de reconstrucción de época ( el año 1979 de la administración Carter y del advenimiento en el poder de ese monje negro llamado Ayatollah Komeini ) y la sensación de que el espíritu de Clint Eastwood, otro ferviente clasicista, sobrevuela esta película. Hay clima de Western ( la idea del héroe solitario, su heroísmo sacrificial, su desaparición entre bastidores y la difícil inclusión social ) en ese Medio Oriente convulsionado y azotado por injusticias y postergaciones y mucho, pero mucho Amor por el cine. L. C.

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jueves, 25 de octubre de 2012

PUÑOS Y CORAZON

THE EXPENDABLES (LOS INDESTRUCTIBLES)
 
 

Son quince minutos de acción saturada, autoconciencia plagada de chistes, frases como slogans en los costados de los vehículos y presentación de los gerontes. Todo demente, sin respiro, sin concesiones y a lo bruto, así como eran estos tipos allá por la década del ochenta. Luego, más adelante y promediando el minuto veinte, aparece el villano Van Damme ( que, ironía mediante, se llama Vilain y es ruso ) y mata al iniciado Hemsworth, el pibe del grupo que pensaba dimitir por amor.

Ahí la cosa se pone seriota un ratito, durante el funeral del novato, mientras Stallone pronuncia " justo se murió el que más quería vivir de nosotros... no tengo idea de qué quiere decir eso. " Y Statham lo interrumpe preguntando " ¿ Y ahora cuál es el plan ? Stallone baja a la tónica del primer segmento y replica, acercamiento de cámara mediante " The Plan? Track him, catch him, kill him! " Esa es la ética de " Los indestructibles ", la película de los gerontes del músculo reventón: el cuerpo llevado al movimiento extremo, la catarsis gozosa de la velocidad y la violencia, siempre por encima de los límites humanos y en conexión con la estratósfera. Sí, elección ética y no moral, ya que no hay pretensión alguna de imposición al mundo sino solo el deseo de decirle al espectador " somos lo que fuimos ", aquella famosa frase proferida por Apollo Creed en " Rocky 4 ". Y nosotros, como cuando teníamos catorce o quince, les creemos y los acompañamos en su cruzada fanatizada y liberadora de tiros y patadas, epopeya que es también reivindicación de ese expediente llamado vejez y ante el cual no hay inmunidad posible, ni para ellos ni para nosotros. Es cierto; están más lentos (a excepción del aplomado malhumorado de Statham), pero esa lentitud los baja un milímetro a la realidad terrenal, los vuelve más humanos dentro de la juguetería, hecho feliz que deriva en una catarata de chistes sobre la edad, y cuya apoteosis da de lleno en el centro de la diana con el remate de Schwarzenegger en el desenlace del film.

Para hacer una película de este tenor, como las de antaño, no basta el bronce del museo anabolizado; hace falta que la información contextual y la dinámica también estén subordinadas al juego de la vieja escuela. Antaño, estas películas podían ser buenas, regulares o malas, pero el espectador disfrutaba de una bonificación incluida en el precio de la entrada: el conocimiento acerca de hacia dónde iba y de dónde venía la acción. No había trampa al respecto; y en ese sentido, " Los indestructibles " no escamotea ni se guarda nada. La cámara está donde debe estar, se abre paso al plano generoso para encuadrar las trifulcas y hacer de la acción un recipiente orgánico y claro. Ni aún en el desnivel de sus planos finales, cuando el guión se acelera y cabalga hacia la hipérbole, la película de Simon West osa volverse mentirosa. Y es que " Los indestructibles " es en realidad " Los descartables " ( The expendables ), cosa que estos tipos fueron durante años, vituperados y desdeñados por la alta cultura. Pues bien, esta es su venganza: una película-juguetería para demoler tanta premisa pretenciosa y engrupida. " Los indestructibles " es " right in your face "; una celebración de la dignidad del aguante. L. C.
 

viernes, 19 de octubre de 2012

YO SOY LA LEY DEL MARKETING

DREDD

El Juez Dredd ingresa a una pajarera, algo así como un complejo habitacional muy humilde y afectado de superpoblación, como todo en Megacity One, con la intención de desbaratar una banda liderada por una ex prostituta llamada Ma- Ma, una verdadera capanga del tráfico de una droga de diseño llamada Slo-Mo, algo así como un Paco del futuro. El cana no va solo; lo acompaña una novata con poderes telepáticos, perteneciente al Escuadrón Psi, llamada Cassandra. La presencia de la pareja es advertida por los criminales, que activan un protocolo de emergencia radioactiva, clausurando el edificio y dejándolo aislado del mundo exterior. A qué les recuerda esta Dredd, nueva adaptación al cine del personaje británico creado por John Wagner y Carlos Ezquerra ? Sí, acertaron, se parece en su premisa a " La redada " de Gareth Evans, pero acá no hay velocidad, catarsis desatada a base de patadas y trompadas, y, definitivamente, no existe ese pulso vital llamado nervio." Dredd " es insulsez a oscuras ( porque queda cool filmar en pasillos afectados por el oxímoro borgeano de la luz oscura, viste? ); es violenta y fascistoide como el personaje del comic, sí, pero burocrática, pura energía cinética de tortuga, tripulada por diálogos producto de una escolaridad primaria, y lo que es peor, está vaciada de ese sarcasmo color azabache que hacía del campeón de las ejecuciones sumarias un producto a seguir. Dredd también es mentirosa en su intención de clonarse del espíritu del comic, caracterizado por el pulso distópico de la criminalidad al palo machacada por un cuerpo de Ley que reúne al mismo tiempo calidades de policía, juez, jurado y verdugo, porque se hace artificial y mentirosa, bien adulterada, en una secuencia crucial, como aquella en la que el Juez se vuelve perdonavidas de dos adolescentes armados. Y no, loco, los que leímos este pastón publicado en la mítica 2000 AD sabemos que este coso no excusa nada, te fríe y después pregunta. Y si no pregúntenle a Simon Bisley, visualista de la hostia, de órdago en eso que se llama plasmar violencia. Bisley te dibujaba un apocalipsis lisérgico ( al gran Biz le fascinaba fumar porro mientras reventaba los pencils ) al ritmo del humor negro y de la técnica de imprimir la sangre como si se tratase de una salpicadura en la página, haciendo entender al lector de qué iba la cosa: humor. Sí, humor abyecto. Humor sin concesiones de ninguna índole, intranquilizador, irrespetuoso, indecente. Humor volcánico hecho de una lava malparida y abrasiva que te cocinaba la conciencia. Pues bien, entonces cuando algo artificial da de lleno en una escena, secuencia o decisión argumental, todo lo que viene después está indefectiblemente viciado de esa misma nocividad. Y si para colmo, en lugar de revolcarnos en la amoralidad de ese futuro ni tan distante ni tan ajeno, la decisión pasa por incorporar el feísmo publicitario y qualité de unas escenas insoportablemente largas de consumo de drogas," Dredd ", en su indefinición estilística a mitad camino entre la suciedad y el rango de estilización estéril, el movimiento chiquito carente de inventiva para usar los espacios cerrados ( realizadores, aprendan de La redada lo que es expandir espacios hasta el infinito y más allá ) y el nulo carisma de sus protagonistas, incorporados al capricho de regar de aguardiente a las cuerdas vocales, es un subestándar que se apaga a los tres minutos cuando descubrimos que las motos aparatosas de los Jueces, pura potencia de llantas monstruosas, han sido reemplazadas por unas tetracilíndricas estilizadas. No vaya a ser cosa que se enoje por similaridades el Caballero Oscuro. Traición, viejo, traición. L. C.          

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lunes, 15 de octubre de 2012

PASEO HACIA LA INCERTIDUMBRE

COSMÓPOLIS
 
Basada en la novela de Don De Lillo, " Cosmópolis " es el regreso al cine del notable David Cronenberg. El que fue y el que es, ya que se podría decir, y a juzgar por los resultados , que ha vuelto decididamente ese canadiense más intranquilizador de hace una década. Aclaro que, a mi entender, nunca se fue, pero aquí su cine, que es constante crisálida de transformación, abandona ese costado más accesible para el espectador promedio que venía trajinando desde " Una historia violenta ", para retomar, estilísticamente, algunas obsesiones de su producción anterior, que incluyen, naturalmente y como era dable esperar, alguna retorcida incursión anal, proverbial marca del orillo de épocas anteriores. La novela de De Lillo, famosa por sus abismos psicológicos y su densidad del pensamiento, le permite al canadiense naturalizar, una vez más y de cara al nuevo milenio, la idea de una humanidad no demasiado sana por el efecto que nos produce la alienación cotidiana asimilada como signo de vida, algo que el director ya venía mostrando desde " Spider " hasta este presente. " Cosmópolis " es un viaje de veinticuatro horas y embebido en lisergia que tiene como protagonista a Eric Packer, un exitoso hombre de negocios que con veintiocho años goza del prestigio de una fortuna incalculable, y que sin embargo es incapaz de evitar que su realidad financiera se derrumbe mientras recorre una convulsionada Manhattan, en una limusina blanca y circundado de guardaespaldas, con un único objetivo: asistir a la peluquería. Para ello, Eric se ha encerrado en un vehículo diseñado para impedir el influjo del mundo exterior, una burbuja parida por tecnología de punta que sólo permite establecer contacto con el acabóse financiero que gradualmente va gestándose frente a sus narices. Allí dentro, Packer habrá de ignorar las protestas de un grupo de militantes anarquistas, que como el movimiento de los recientes indignados, es la puesta en abismo del sistema capitalista, consultará a su nerd de confianza ( Jay Baruchel ) y a su gurú de finanzas ( Emily Hampshire ), se someterá a un examen de próstata, tendrá sexo con una prostitura encarnada por Juliette Binoche, y también protagonizará salidas puntuales para reunirse con su esposa ( Sarah Gadon ) o con un ex empleado furibundo, en los tramos finales, jugado por Paul Giamatti. " Cosmópolis " está regada de conversaciones desquiciadas, digresivas, pura superficie pulida de cualquier componente que merezca ser llamado humano. Como sucedía en " Psicópata americano ", basada en un libro de Brett Easton Ellis y dirigida por Mary Harron, la microbiologia del poder de estos seres está impregnada de esterilidad y de una carencia total de motivación, pura frialdad desembarazada de todo carácter afectivo que no habrá de ceder siquiera en esos momentos turbulentos en que cualquier alma tambalearía. Pocas veces se ha mostrado con tanta eficacia la caída desde un habitáculo hermético, la de Packer y la nuestra como sociedad, ahora emparentada a través del simbolismo de la rata. Y Cronenberg, con la espina dorsal de su película vertebrada a pura charla, es capaz de poner en imágenes ( como pocos, como nadie ) el derrumbe del mundo, valiéndose para ello de un atentado al director del FMI difundido por un noticiero o al clima de volatilidad social desparramado en los puntos neurálgicos neoyorkinos. Todo en " Cosmópolis " tiene directa relación con los males modernos: la desigual distribución de la riqueza que no otorga inmunidad ni siquiera a los ricos, la prisión a la que nos someten las corporaciones y la paranoia como estado mental inevitable. En este caso, la posibilidad de ese atentado que recorre transversalmente las tres cuartas partes de la trama es desvelo de Packer y su seguridad. Cuando finalmente se materialice la amenaza, a tono con el estado de absurdo del mundo en su apoteosis, el incidente tendrá ribetes ridículos. Un chiste. Una broma más mientras el planeta se va a la guerra. L. C.